Pasa que de golpe sali de un huracan. Pero no cualquiera. No. Salí de ese tipo de huracan que es de los que mas duelen, porque si, porque no. Porque de repente no te quiero cerca, pero no te quiero lejos, no. No entendiste, dije que no te quiero. Y sin embargo quedate aca. Cerca porque no te quiero perder, pero no quiero que te confundas, y no: no importa si me cambio el pantalon adelante tuyo. Si abrocho cada uno de los botones a la altura de tus ojos y te miro picaro. No. No es lo que vos pensas, asi que andate. Mira como no te hablo para que te vayas, pero ahora si. Ahora te hablo. Y no hagas esto, no hagas aquello, ¿y te digo la verdad?: La verdad es que no sé que hacer con vos.

De ahí sali. Él tenía problemitas. Es chico, mucho más chico que yo. Así que duerme con niños y amaneceras mojados. ¿El detalle? jamás dormimos juntos, pero bueh, parece que las sabanas se mojaron igual, así que respiro y las cambio. Pongo los puntos, aclaro la situación, me abro, y finalmente consigo paz. Conmigo, con él, con todos. Soy feliz (o algo similar)

Nos vemos. Nos vemos seguido. Muy seguido. Es inevitable. Trabajamos juntos. Tambien es inevitable que nos llevemos bien. Tenemos piel, química. Así que nos reimos. El juega a que no tenemos pasado y yo estoy comenzando a dejarlo atrás. Mi estado simil-feliz deja de ser una imposición y pasa a ser una verdad. Un día lo miro y veo lo que hay: un nene. Me miro y veo a alguien mayor. De pronto crecí. Sin darme cuenta pegué el estirón y los 28 me cayeron con todo.

Se nota en mi cuerpo. Desde la postura, la voz, la mirada, el humor, las palabras que salen, los temas que me interesan, la casa. Por sobre todo la casa: es que despues de una catarsis importante, ahora brilla. Y no es pasajero, porque se mantiene. Ahora puedo decir que estoy ordenado. Qué mis temas están en paz. Que por primera vez estoy en paz conmigo, y vamos que venimos con una seguidilla de años uno más duro que el otro, pero como todo: paso. Y estoy entero. Unido. Como si todos mis yo's se hubieran unificado y ya no tiraran a los cuatro puntos cardinales sino a un único norte.

Soy feliz. La vida discurre. Charla con amiga, mates de por medio. Una charla de esas que pretenden cambiar el mundo en una tarde. No sé si lo logramos pero al menos le tiré un par de puntas que le pueden servir. Miramos el reloj y son las doce. Las ganas están. ¿Vamos a tomar algo? y terminamos en mi bar favorito. Lleno de hombres. Si: Hombres, no nenes y gracias Amiga por tu fase experimental. Entonces se acerca él, el nuevo. Lindo pibe. Le doy 25. Le pifio, tiene 21. Mal ahí. Tanto como el chiste que usó para acercarse. Modernizate. Aunque suma por habe dado ese paso que lo puso justo al lado mio. Y tranqui, que yo lleno los espacios. Una cosa lleva a la otra y terminamos embelezados en un rincón.

las hormonas suben más y más el sábado a la mañana y de repente me encuentro haciendo cosas que pensé que no iba a hacer pero que descubro que me gustan. Todos los días se aprende algo nuevo y él, el nuevo, es como un curso avanzado. Me gusta. Pero mi espiritu felino clama por cautela, y no, no soy facil. Si generoso, pero nunca fácil. Me lleva tiempo. Me tomo mi tiempo, espero que lo entiendas. Parece que lo entiende. La tarde me descubre en la cama, solo, pensando en todo lo que pasó, porque si algo no puedo dejar de hacer es pensar. Y sonrío. Sonrío pensando en lo que fue, en como las cosas cambiaron. En como cambié yo.

Y llego el lunes al trabajo. Cansado y con una sonrisa. Esa que me duró el fin de semana, pero que recién aflora el lunes porque -¡Por dios!- que buen fin de semana. ¿Cómo estás?. Bien bien. Y pasa que se entera. Somos amigos. Él es amigo. Yo no. No puedo, no me sale. El lunes en que todas las cartas cayeron sobre la mesa mi cabeza quedó incinerada y no, para mi es muy dificil hacer de cuenta que no tengo pasado. Así que no, no somos amigos. Pero se entera. Por mi o por mi amiga. Me da igual. Apenas lo registro. Son las seis, me fui a casa. Buena onda, al nuevo lo veo el martes. Soy feliz y estoy caliente.

Llega el martes. Mañana linda. El día está hermoso y la noche promete más aventuras. Así que me lo cruzo. De nuevo volvemos a la charla inocua. Todo bien, todo bien. Y no, parece que no porque pone música, se acerca y me dice: "Esta es para vos" y me sorprende la canción. Me saca una sonrisa melancólica.

Muy poco, muy tarde.

Es el estribillo lo que me mata. Ese que dice "Estoy pensando que pudimos haberlo tenido todo" y ciertamente si. Pero lo miro y ya no lo veo. O si... la verdad es que no sé. Lo único que puedo hacer es preguntarme "¿Y con esto que hago?, ¿de qué me sirve? Al menos no fue una locura mia" y pienso en el chico nuevo. Otra sonrisa, pero este tambien viene complicado. Tanto que sé muy adentro que no cuento con eso. Qué fue ese momento y nada más, y que si se repite no va a ser más que otro momento. No me malinterpreten. Es así. Con él, el nuevo, solo puedo armar una historia de buenos momentos. Así de complicada es la mano. Y está todo bien. Quiero más buenos momentos. Estoy bien con esos momentos.

Algo adentro mio duele, molesta. Es el estribillo que suena en mi cabeza. Que rebota y revivie el pasado. Ese que no puedo olvidar. Ese que todavía duele. Y pienso en la noche que quiero. En como deseo escaparme en otro cuerpo, en otras sensaciones. Y no, parece que no, porque a él, el nuevo, no lo veo. Y acepte las reglas del juego. Todo bien. Lo entiendo. ¿Pero quiero esto? ¿Quiero algo de todo esto?

No. O sea, con él ya no quiero nada. Porque no me sirve, me lastima y ya no dejo que me lastimen. Y con él, el nuevo, solo quiero buenos ratos... pero sus tiempos no son los mios; y aunque espero verlo pronto tampoco tengo fecha. ¿Entonces?

Entonces nada. Acá estoy. Dejando que el tiempo llene los espacios pero sabiendo que, al menos en cuanto a ellos, ya no depende de mi. Tal vez, pronto, aparezca un tercero. Quién sabe. Yo me abro al viento. Y soy feliz. Serenamente feliz. Después de todo, si algo aprendí sobre mi en este tiempo, es que cuando quiero algo me juego hasta el final.

Y mientras tanto, mientras esto transcurre a mi alrededor no puedo dejar de asombrarme por el sabor a nuevo que tiene esto. Tal vez es cierto que crecí, tal vez es cierto que ya no soy el de ayer. Es que parece que mi mirada cambió. ¿será que no estoy acostumbrado?

Creo que la última vez que escribí acá fue para mi cumpleaños. En el 2010. Varias eternidades atras. Es que el paso del tiempo se siente mucho. O mejor dicho, siento que pasaron demasiadas cosas en mi vida desde la última vez que posteé algo. Y no era por falta de ganas. Solo dios sabe cuantas cosas tengo acumuladas en los dedos desde entonces, cuantas cosas moría por redactar.

Sin embargo hay que ver el poder que un simple teclado tiene sobre mi. Si no puedo danzar sobre él, ¿entonces para qué esforzarse? Y nadie puede decir que no trate. Si hay algo que no pueden endilgarle a Rain es que el "ni siquiera lo intenta". Si hay algo seguro sobre mi es que en el PD de mi epitafio dirá "Luchador incansable"

Tiene cierta lógica, al final de cuentas, algo bueno que saco de mi familia (¡Oh por dios que va a haber post sobre mi familia!) es la frase que dice "No te des por vencido ni aún vencido". No sé quién lo dijo ni de dónde lo sacaron, pero recuerdo que era un pequeño cuadrito en alguna pared de la casa de mi infancia y una frase que salía bastante seguido de la boca de mi bio-mamá.

Pero el teclado de Scar me venció -ya contaré bien de quién hablo- con su esterilidad, su falta de encanto, su dureza y su lejanía. Simplemente no hubo magia. No hubo amor a primer contacto. Una pena. Una que por distintos motivos me mantuvo alejado de mi arma mas poderosa: Las letras. (También explicaré esto)

Sin embargo, la pesadilla terminó. Acorde a los cambios que estoy transitando, decidí volver a enamorarme. Y la palabra clave de este Apocalipsis es esa: Yo elijo. Y en mi elección hoy, a apenas siete días después de comenzar la segunda mitad del 2011, decidí que era tiempo de escribir de nuevo. No solo acá, sino afuera. Necesito escribir para sacar todo lo que este año estuvo macerando lentamente dentro mio. Cosas buenas, cosas malas, cosas intracendentes. Cosas mias.

Es por eso que hoy retomo y reafirmo mi compromiso con este espacio. Un lugar donde escribir sin filtro, sin correcciones. Un lugar donde escupir basura, donde crear desde la intuicion, donde comentar lo que sea que se cruze por mi mente. Un espacio donde lo politicamente correcto quede de lado y solo sea yo bailando sobre un teclado. Libre y eterno.

Subarutopia. Mi espacio. Es bueno volver.

Y en la vuelta vienen las remodelaciones. Desde el nombre del blog hasta el fondo. ¡La casa esta en plan makeover! Así que por hoy, a minutos de desfallecer del sueño pero seguro de ganarle al piso de la cocina, me despido feliz.

Este nuevo teclado alucina.

NOTA: Cai en que no sirvo para el Tweeter.

Esto lo escribo porque es importante. Importante para mi, para que no se me olvide. De hecho, durante mucho tiempo vengo masticando la idea de que los pensamientos que tengo, las conclusiones a las que llego en cuanto al movimiento del mundo no pueden importarle a nadie más que a mi. Cuando me detengo a ver el mundo y analizo el reflejo que obtengo de vuelta caigo en que solo a mi me pueden interesar las conclusiones... solo que me es imposible no escribirlas.

Son como pequeños post tips mentales a mi mismo.

Este, tal vez, es uno de esos momentos. Uno que no quiero dejar pasar. Seguro es por la fecha, pero no me queda más que escribirlo para recordar cuando vuelvan las nubes negras (siempre vuelven) que hay algo que es una verdad. Una realidad a prueba de todo.

Que soy feliz.

Parece simple, y yo no soy una persona simple. Es que mientras venia para casa del trabajo medité sobre todo lo que viene sucediendo desde hace un año. Lo que vi la noche del 14 del año pasado y lo que se dio. Y no puedo menos que alegrarme por el camino recorrido.

Es que hoy se cierra un ciclo y comienza otro. Hoy cumplo 28.

Los 27 fueron condenadamente duros. En 365 días aprendí más de mi mismo que todos los años anteriores. No sé por qué, pero se siente así. Como que de repente todas las caretas se cayeron y quedaron los rostros limpios sonriendole a la vida. Por vez primero tuve que enfrentar las cosas-como-son y no como-querría-que-fueran.

Me alegra decir que soy de los que enfrentan, no de los que corren.

Por vez primera corrí los ojos del pasado, y no digo que lo saneé pero al menos le eché la luz del entendimiento, y las cosas van mejor. Miré al futuro y lo vi brillante (el plan b alucina) y si bien me asusté, sigo en carrera. Peleandola. Tomé el presente y decidí que mi futuro no va a ser más que la consecuencia directa de el, por lo cual, depende de mi y de nadie más decidir como va a ser. Darle forma y pintarlo del color que me plazca. Dicen que el saber es poder. Ciertamente lo es. Y trae consigo una enorme responsabilidad: Si en un futuro no estoy como quiero estar no queda nadie más que yo para agarrarselas. Ya no hay excusas. De ningún tipo. Y la verdad -tambien- es que este presente en algún momento va a ser mi pasado, y quiero recordarlo tal como lo estoy viviendo: con una sonrisa.

No sé que nuevas aventuras me esperan... sinceramente hay un telon blanco que me impide ver más allá, así que voy despacio. Sin prisas, sin apuro. Sabiendo que hoy, 14 de Septiembre de 2010, soy feliz por el simple hecho de haber crecido.

Sabiendo que no querria ser otro más que yo.

NOTA. Dedicado a Gea que me cuida desde el cielo.

Este año ni siquiera lo vi venir. Quiero decir, con todas las cosas que me sucedieron, lo menos que pensaba era que este año TAMBIEN iba a llegar. Sin embargo era inevitable. Después de todo, a Julio siempre le sigue Agosto.

Como mencioné antes, este año no dejo de darme un palo detrás de otro. Una prueba seguida por otra y así. Desde Enero hasta ahora no puedo decir que la pasé bien, de hecho, fueron tantas cosas -y tan enroscadas por cierto- que me cuesta aún procesarlas. Y para mi, procesarlas, implica poder escribir sobre ellas. Por eso no pude actualizar el blog. No porque no tuviera nada para decir, sino porque tenía demasiado entre las manos.

Demasiado.

Mucho de todo y en todos los sentidos. Algunas increiblemente dolorosas y otras que, bueno, no son menos dolorosas pero que -al menos- sabía en algún momento saltarían e intentarían derrotarme. Y la verdad es que me doblé como un junco, sin embargo, acá estoy: dando batalla.

Debo decir que cuando Gea partió pensé que nada podía ser peor. Que con ese inevitable había cumplido mi cuota de dolor anual. Inocentemente, creía que el resto del año iba a ser tranquilo. No un viaje en carro pero si algo más tolerable. Pero me equivoqué, porque Agosto arribó a mi vida. Y en su saña sacudió mi estabilidad como ningún otro mes. Pero la jugada le salió mal.

Porque esta vez tengo un Plan B.

Sucede que de buenas a primeras calusuraron el laboratorio. Lo cerraron de manera provisional. Y dejaron a todos en el laburo preguntandose que sería de nuestro futuro. La última semana el radio pasillo estuvo escupiendo lava por la empresa. Tantos rumores que mareaban: que nos iban a adelantar las vacaciones, que nos iban a mandar a casa y nos iban a pagar el 75% del sueldo, ¡no! mejor el 50%, pero seamos fatalistas y digamos el 25% que suena más oscuro. Realmente el hormiguero estaba revuelto. Las caras largas se derretían y nadie sabía nada, porque de arriba no decían ni mu. Así que la histeria colectiva crecía y crecía. Todos locos, todos aterrados, todos pensando lo peor.

Menos yo.

Por que Rain tiene un Plan B. Y ante tanta histeria colectiva yo simplemente sonreía. Porque este plan es mi pequeño colchón contra las atrocidades de Agosto. Y de la Argentina, donde "Inestable" es una palabra que se queda corta para todo lo que implica.

Ahora las cosas están mas calmadas pues nos reahabilitaron y todos podemos volver a trabajar tranquilos. Sin embargo, habría que ser ciegos para creer que esto no puede volver a ocurrir. Y tengo muchos defectos, pero la ceguera no es uno de ellos. Para mi fue un llamado de atención. Uno importante. Uno que dice "Nene, metele pila al Plan B".

Un llamado al que pretendo atender.

Gea partió a mejor vida el jueves 22 de julio de este año. Exactamente a las 19.30hs.

Nuestra historia abarca once años de historia. Once años juntos. Siempre.

Ella se fue. Estuvimos juntos desde mis 16. Atravesamos demasiadas cosas y me hubiera gustado contar agunas de las tantas anecdotas que me quedaron, porque en definitiva lo único que me queda ahora son esas memorias. Será para otra vez, pues ahora duele de una manera imposibe de escribir.

Ella se fue y mi adolecensia se fue con ella. Supongo que fue su último regalo.

Crecer duele. No tenerte, más. Te extraño y no entiendo.

Pero te sigo amando.

No soy una persona que se tome la palabra "amigo" a la ligera. De hecho, soy bastante cuidadoso cuando elijo a mis amistades. Si, soy elitista en cuanto a amistades se trata. Desconfío sobre manera de aquellos que abrazan demasiado y se deshacen en halagos. Aquellos que tienen como muletilla la palabra "te quiero" o "sos lo mejor del mundo".

No creo en las amistades-para-siempre. De hecho, la vida me mostró con el paso del tiempo que no hay nada que dure para-siempre, menos la amistad. Las personas en mi vida van y vienen. Aprendí que la mayoría están el tiempo que tiene que estar, ni más ni menos. A veces se quedan años, otros semanas o meses. Pero si hay algo que sé, es que la amistad se termina.

No todas las personas pueden acompañar a alguien durante toda su vida. Los caminos se bifurcan, se abren. Se separan. Y en esos nuevos andares encontramos gente más afín al momento que estamos transitando. Hablamos el mismo lenguaje.

Me he dado cuenta que en muchos casos estiré amistades hasta lo indecible por el simple hecho de que no quería separarme. Son personas a las que aprecié mucho en su momento y sin las cuales no imaginaba mi vida. La realidad me enseñó que no se puede vivir en el pasado. Cuando una reunión de amigos se enfoca en las cosas buenas que vivieron juntos, entonces, creo que la amistad ya anda en su etapa terminal.

Podés optar por dos cosas: O te vas silbando bajito, atesorando gratos recuerdos y llevando por el resto de tu vida los buenos momentos compartidos y las enseñanzas que cada uno te dejó; o podes, como lo intenté, revivir al muerto. Esta salida no deja más que rencores, heridas abiertas y una sensación de melaza agria en el estomago. Fueron gratos momentos, pero las cosas que dejaste que pasaran en pos de "esos-viejos-buenos-tiempos" duelen más, e indignan más, que simplemente decir "Adios, que tengas buena vida"

Hoy no creo en las amistades para siempre. La gente que me acompaña, en especial Lucía, son personas que aportan cada día algo que ayer no tenía. No sé cuanto va a durar, no sé cuanto tiempo vamos a caminar juntos... sinceramente no lo sé, pero me comprometo a dar lo mejor de mi el tiempo que estemos andando juntos. A aprender a acompañar y dejar que me acompañen. A sacarle un poco de gris a esta vida por el simple hecho de pasar un rato juntos. Poner el hombro y compartir mochilas que a veces se hacen difíciles de llevar si uno está solo. En fin, me comprometo a ser un buen amigo: Honesto, franco, leal y gamba.

Pero aviso, algo que para mi es ley: No hay amistad que dure cien años.

Lo sé porque tengo las excepciones. Gea es una. Es la mejor amiga que pude pedir, el mejor regalo que la vida me pudo haber dado. De hecho, en este caso, puedo decir que cayó del cielo, puesto que la bajé de un árbol cuando apena tenía meses. Ella es mi compañera de camino. El ser que conoce todos mis secretos e intimidades. La luz del departamento con sus manías de reina y sus maullidos de canario. Ella es mi amiga de toda la vida. Once años de amistad ininterrumpida. Ni siquiera el mudarme evitó que me bajara a recibir cuando ella aún recidía en la casa materna y yo iba de visita. Ella, que se llevó los duendes que habitaban el primer departamento y me regaló el solaz de un buen dormir. La que me sacó de una depresión aguda en aquellos tiempos en los que todo estaba completamente mal. Mi razón de salir de la cama, no solo para alimentarla sino porque si no salía me clavaba las garras.

Ella es mi amiga para siempre.

Y hoy, 20 de julio de 2010, la interné. Insuficiencia renal dicen. Van a saber mejor cuando esté más hidratada. Porque de un día para otro dejó de comer. Y yo tengo miedo. El departamento sin ella se siente vacio, frio... esteril. Me siento solo. Algo me falta, y quiero creer que todo va a estar bien, que se va a poner mejor, pero no puedo dejar de llorar. Me costó horrores contenerme en el veterinario. Se me escaparon un par de lágrimas cuando le estaban sacando sangre y apenas podía hablar cuando la llevé a la clínica. Me pasó un tren por encima. El cuerpo me pesa. Estoy asustado, porque no: no imagino mi vida sin ella.

Gea, ponete bien. Te necesito.

Me llevó casi siete meses darme cuenta. Supongo que es normal que de un momento a otro sientas dentro de tu craneo ese >clic< que te demuestra que ya no sos el mismo, que las cosas cambiaron. Me llevó siete meses.

Siete meses y una distención en el hombro derecho.

Hace dos semanas, camino al trabajo me resbalé y para no caerme atiné a agarrarme de un poste. ¿Conclusión? Hice un mal movimiento y me distendí los musculos de torción del hombro. Partes del cuerpo completamente diminutas, pero que cuando se inflaman duelen como el infierno.

Ahora no duele, pero en su momento sí. En este momento es simplemente una molestia. Si hay algo que no puedo decir es que no lo venía venir. Mi vida estaba muy agitada por ese entonces y yo venía con un ritmo que a duras penas podía mantener. Y como siempre que voy descontroladamente rápido, la vida me detiene. Me fuerza a hacer una pausa.

Al principio no comprendía y me molestaba esta pseudo inmovilidad. En serio. Pero con el correr de los días, estando casi la mayor parte del tiempo en el departamento con Gea y Bac, deje de saturarme la cabeza con preguntas y decidí tomarme una semana de vacaciones. Tampoco fue que me costó demasiado, quiero decir: Estaba completamente apático.

No quería hacer nada de nada.

Apenas sentía deseos de salir de la cama o hacer cualquier cosa que implicara movimiento. Sin embargo, estar quieto no evito que todo lo que sucedió en estos siete meses desfilara frente a mis ojos de una manera contundente. Y no se detuvo ahi, no. Prosiguió más y más hacia el pasado. De alguna manera me encontré escarbando en el pasado, sacando a la luz todos esos trapitos sucios que por ser demasiado dolorosos no queremos ver.

Tal vez la apatía no es tan mala después de todo, porque me vi impedido de frenar esa misma que se extendía por todo mi cerebro. Las imagenes vividas de lo que fue, pero que hubiera deseado fuera de otra manera. La realidad marca que las cosas no son como uno espera que sean. Las cosas simplemente son.

Y uno tiene que aprender a vivir con ellas.

A veces tengo la sensación que no somos más que una catarata de mentiras. A los demás y a nosotros mismos. No paramos de decirnos cosas que en nuestro interior sabemos son pura falsedad. Y siguiendo esta linea, siempre me pregunté por qué. Creo que la respuesta es por el dolor. A veces, aceptar las cosas como son simplemente duele más que cualquier otra cosas en este bendito universo. Porque no tenemos los padres que querríamos, los hermanos que soñabamos, los amigos o los estudios. No importa el motivo. Cada uno sabe, y como sabe, duele.

En mi caso particular, viniendo como vengo de una historia familiar enroscadisima y siendo como soy, incapaz de no ver lo que hay a mi alrededor, este dolor era simplemente intolerable. Tanto que me forzé a vivir en tres planos. Uno donde intentaba por todos los medios que las cosas fueran como deberían ser sin importar el costo, otro donde estaba obligado a obedecer si quería sobrevivir -si, sobrevivir- y por ultimo uno donde era libre.

Libre. Simplemente yo conmigo mismo viviendo mil y un aventuras lejos de todo y todos los que conocía. Fueron tiempos donde hice mil cosas, muchas de las cuales no me enorgullecen, más teniendo en cuenta el motivo: Porque podía.

En fin, ahora, con esta inmovilidad que agradesco, todo eso se cayó. Las máscaras desaparecieron y me di cuenta que no se puede vivir en tres planos. Ya no más. Las cosas que estoy viviendo me fuerzan a tomar decisiones. O mejor dicho, decisión. Tal vez la más importante de mi vida.

Vivir según mis propias espectativas.

Lo curioso de esto es que no sé cuales son. Me encontré a mi mismo preguntandome cual era el rumbo, para donde iba, si realmente quería ir hacia donde apuntaba la brujula y que estaba esperando de mi.

¿Qué estoy esperando yo de mi? Simple y concisa pregunta. No hay ninguna otra voz de nadie más en mi cabeza que simplemente la mía. Preguntando, no reclamando, hacia donde quiero ir. Y se siente como en esas peliculas donde el personaje tiene una epifanía despues de tanta mala suerte con la no-chica de turno y decide que no es la chica, sino él el que tiene que cambiar.

No sé... por primera vez me siento limpio. Claro. Y sin apuro. No sé a donde voy a ir, no sé a donde voy a llegar -siempre en el caso de que haya algún lugar donde llegar- pero francamente no me importa. Hoy por hoy, lo único que vale es que estoy caminando y descubriendome. Sin prisa, pero sin pausa.

¿Acaso no es genial?

Alguien muy cercano me dijo "No estás empezando, sino continuando lo que empezaste hace tiempo" y debo decir que tiene razón. Sin embargo, a veces, la sensación de que vivo empezando se hace pesada.

Pero, por hoy, juguemos a que esto es una continuación de las crónicas de mi vida. Y de hecho realmente es así. No hay blog nuevo, ni plantilla rutilante y con ese aroma a "recién comprado" que tanto me gusta. No. Hay un simple salto temporal. Una pausa en el relato. Alguien podría empezar el parrafo de este nuevo capítulo con un "Después de siete meses Rain..." Sin embargo, ese punto de vista no me agrada. Prefiero pensar que voy a contar la historia y al mismo tiempo mechar ciertos sucesos que hacen de mi lo que soy ahora.

Siguiendo con la metáfora de los capitulos, si, ciertamente este es un nuevo comienzo, pero al mismo tiempo es la continuación de una historia que viene siendo hilvanada hace veintisiete años. Una entrada más, una marca. Un par de lineas que no llegan a ser un pie de página en la historia de mi vida, pero sin la cual, mi vida no sería lo mismo.

Hay una gran diferencia entre escribir y no hacerlo. No porque en un futuro vaya a leerlo... no. Tampoco porque en estas lineas revele el significado de la vida u otro misterio netamente humano. No. La linea divisoria es más simple que eso. La diferencia estriva en que lo hice. Simple, llano, conciso. Lo hice.

Escribir esto me llevó su tiempo. Siete meses de pensarlo pero no poder hacerlo, dado el fallecimiento prematuro de Rocco, y una semana de plantearmelo realmente. La cosa es que Rocco tiene quien lo reemplaze -todavía le estoy buscando un nombre- pero si bien las ganas estaban (además le prometí a Lol-it hacer un update) me faltaba el deseo. Ese que siento cada vez que mis manos bailan sobre un teclado.

Porque para mi la escritura es eso: un baile. Una danza con su música particular. Un pentagrama donde las notas simplemente fluyen y encuentran su propio ritmo. Cada vez que escribo, siento como si estuviera bailando. Cada vez que agrego una frase, quito un parrafo, esbozo una idea o termino un texto siento que estoy componiendo una pieza inigualable. Magnifica y especial.

Y tal vez por eso demoré tanto este post. Porque no hay nada más aterrador que el dejarse llevar por el deseo, pero me parece que ya va siendo hora de que afloje las riendas y disfrute de este paraiso.

Cuando la ruina amenaza tu casa, la derribas y construyes otra más sólida, sin embargo, hasta que esté terminada, todo a tu alrededor es caos y confusión

Podríamos decir que este es mi estado actual: Caos y confusión. Hay mucho que contar en este tiempo de ausencia, pero empecemos por dar un simple panorama de la situación y con el correr de los días iré escarbando en los muchísimos temas que subyacen a este escrito.

Como señalé arriba, la casa se cayó. La tiré, se derrumbó, no importa. La cosa es que hubo un desplome. Ante mi se presentan dos caminos ¿cuál he de elegir? Esa es la cuestión. En un principio pensaba que la respuesta era obvia: El camino prospero. Ese que hace que la vida sea dichosa y feliz. El otro es un viejo conocido, cuya comodidad la vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo. Más del que me gustaría. Y no lo sostengo por lo lindo ¿eh? De hecho es lo más parecido a un invierno nuclear que puedo imaginar.

Y me agota. Me cansa sostener situaciones, personas o tiempos que, francamente, son insostenibles de por sí. ¿Por qué lo hago? Quien sabe ¿costumbre tal vez?. No encuentro respuesta. El lado conciente grita que me detenga casi hasta quedarse afónico, que me corra de una buena vez y salte al nuevo camino. Y quiero hacerle caso, en serio… pero no puedo.

No puedo despegarme de las viejas costumbres, de los lazos antiguos que aún hoy continúan tirando. Lejos estaba yo de saber que esos lazos se anudan en mi cuello y que me están ahorcando. Me asfixian. Y mientras dudo si desanudarlo, mientras lucho por hacerlo, el tiempo pasa y el miedo crece.

Miedo a perder el camino, miedo a perder la oportunidad, miedo a que no pueda sacarme el lastre que está, a esta altura, encarnado. Miedo a sacármelo ¿Qué hay más allá? ¿Cómo será vivir sin el nudo en mi garganta? ¿Cómo será vivir? Y si dejo de sostener lo que vengo aguantando ¿se caerá? Y si se cae ¿qué pasa?

¿Qué me pasa con eso?

Sumado a este periodo de confusión, una legión de definiciones mías hacen acto de presencia. Gente que no conozco habla de mi. Estoy acostumbrado a que la gente hable de mi. Está visto que no soy de los que entran en una habitación y pasan desapercibidos. No. Está todo bien mientras no me entere. Será que me gusta más hacer sin que se note. Mantener el perfil bajo.

Pero se nota. Mi laburo habla por mi. Y por lo visto es excelente. Las definiciones son buenas. Ninguna negativa. No hay un “debería haber hecho esto” o “Podría haber sido mejor”. No. Al contrario. Son del tipo “Estás haciendo un trabajo excelente. Seguí así” o “No te preocupes, tropezón no es caída. Vos podés”. Entonces ¿Por qué eso, que debería efectivamente ponerme contento, no deja marca? Tal vez porque tanta confianza me abruma, tantas fichas puestas sobre mi persona me aterran.

Y si, el camino nuevo me da miedo. Las ganancias, tanto económicas como personales, que puedan llegar a generarse me aterran. ¿Estoy listo para un nuevo tipo de vida? ¿Quiero ser aceptado y reconocido? ¿O prefiero está vida donde el dolor, la culpa y la desolación gobiernan de facto?

Las preguntas se agolpan, pero no encuentro respuestas. O mejor dicho, se de donde viene el miedo. Se de donde viene la carencia de satisfacciones cuando se trata de mi propio trabajo: Del mismo lugar de siempre, mi familia. Y mi familia me estalló en la cara ¿coincidencia? No lo creo. Más cuando la Ley “¿Por qué no diez?” es aplicada en todo su maravilloso y riguroso esplendor.

Cuenta la leyenda que cuando Rain contaba con trece años, apenas ingresado al mundo estudiantil, su bio-mamá nunca festejaba sus aciertos académicos. Cuando el pobre infeliz llegaba a casa con un nueve -¡Un nueve! ¡Vamos que no es moco de pavo!- ella muy seriamente le decía “¿Por qué no diez?” y de ese modo conseguía aplastar toda la felicidad que Rain había cosechado desde que salía del colegio hasta que llegaba a su casa. Situación que se repitió durante toooooodo el primer año del secundario.

Consecuencia de esto es que Rain decidió que su bio-mamá jamás festejaría o acompañaría los logros de su hijo. Así que solo le decía como le iba cuando le preguntaban (Y se moría por dentro cuando salía a relucir la tan mentada frase) Pero lo peor no fue eso, sino que jamás le dio importancia a sus pequeñas victorias. Esto quiere decir que el sentido critico aumentó en un 100% pero para el lado contrario. Siempre se fijaba en las tierras a conquistar, nunca en el reino anexado.

Rain no es un cerebrito. Nunca quiso serlo. Podría haberlo sido, pero en un pequeño acto de rebeldía, decidió que el colegio no merecía el ciento por ciento de su atención y que era más que nada algo que debía superar para poder largarse de su casa. Así que jamás tuvo una carpeta completa, una cartuchera o una lapicera que durara más de diez días. Apenas cuidaba los libros y si asaltaba un examen, sacaba fotocopia y repasaba de ellas. Cabe aclarar que fueron pocas las ocasiones en las que Rain debió sentarse a estudiar. La adquisición de conocimientos siempre fue algo sencillo para él. Después de todo, solo tenía que recordar lo que le habían dicho en clase y aplicar un poco de sentido común.

Así sobrevivió al secundario. Consiguió un trabajo y se largó de su casa.

Llegando a la universidad, pensó que sería libre de la tan mentada ley. Siendo un hombre que solo había pedido ayuda a sus padres en materia académica cuando se encontró con la más enroscada profesora de matemática, supuso que la facultad no supondría ningún tipo de problema. Él sabía como ocuparse de sus estudios.

Y de hecho, el problema fue que no le generaba problemas. Iba y aprobaba. Se castigaba preguntándose si no debería dedicarle más tiempo, ya que “estudiaba” muy poco en comparación al tiempo que le dedicaba al ocio, pero no le iba mal. Estudiaba de a ratos, comprendía lo que le enseñaban y tenía una dinámica excelente en cuanto a usar el sentido común para interrelacionar los textos.

El problema surgía cuando le entregaban las notas. En ese momento se dio cuenta que no le importaban. Si era un 2 o un 10 no había diferencia. Una vez salió como el mejor examen de la materia. Alta nota en una materia complicada. Un ocho. Y ahí se dio cuenta que la sensación de alegría simplemente faltaba. Vacío. Así era como se sentía. Algo como “Que pase el que sigue”

Y Rain ya no quiere sentir eso: Ya no es que pase el que sigue, no. Ahora es tiempo de hacer valer el esfuerzo. Y si al nudo de mi garganta no le gusta, pues mala suerte. Ya no quiero perder tiempo en preguntas inútiles.

¿Me asusta el nuevo camino? Si. ¿Me asustan las ganancias que puedo tener por esforzarme como siempre hago? Si. ¿Me siento a la altura? No. ¿Estoy a la altura? Si. ¿Quiero reconocer mi esfuerzo, valorarlo y festejarlo? Si.
Si, si y si.

Cuando la ruina amenaza tu casa, la derribas y construyes otra más sólida, sin embargo, hasta que esté terminada, todo a tu alrededor es caos y confusión. Así estoy, construyendo mi nueva casa. Una donde pueda vivir… porque hasta ahora, tan solo sobreviví.

Ricky Martin salió del closet. Que grosso.

Paso una semana desde mi último post. O casi. Y -la verdad sea dicha- una semana en mi vida es una eternidad. Gracias a dios, la vida no me da respiro. Al contrario que el año pasado, esta vez no pido tregua. Me cansé de pedirla y, obviamente, me cansé de darla.

¿Recuerdan que en el post anterior decidí mostrarme real? ¿Dejar de jugar al personaje y ser simplemente yo? Bueno, al Romeo de turno eso pareció asustarlo, porque no llamó. No es algo que me sorprenda. La realidad es que cuando me muestro como soy, la gente me mira raro... perdón, la gente no: Los hombres.

Creo que jugaba al personaje por esa misma razón. Si yo no gustaba, si asustaba por ser como soy, entonces, mejor probemos otra cosa. Pero la verdad es que la pregunta se sostenía ¿Puedo vivir una mentira? Y la verdad es que no. No puedo. Y, mucho mejor, no quiero.

¿Por qué me miran raro? No sé. Podría arriesgar que mi seguridad abruma. Y cuando habló de seguridad no me refiero a montarme a mi ego y creerme que soy mejor que los demás. No. Eso es estupido. No soy ni mejor ni peor. Simplemente la vida me puso en situaciones donde o evolucionaba o moría.

Decidí evolucionar.

Mi seguridad interna viene de la experiencia y el aprendizaje. Soy plenamente conciente de que aún me queda mucho que aprender, detalles que modificar siempre en pos de ser una mejor persona. Mi seguridad no es algo que ostento sino algo que vivo día a día. También es algo que hasta hace un tiempo me asustaba. Tanto poder asusta.

Siempre me preguntaba por qué esconderme y no mostrarme tal cual soy. Siempre pensé que si me mostraba iba a salir lastimado. Y sinceramente, si, me lastimaron pero creo que fue justamente por no reconocerme a mi mismo. Yo dejé que me lastimaran. Entonces atacaron lo más profundo de mi ser y me complicaron la vida, y si bien aún siento algo de rencor (estoy trabajando en eso) no puedo negar que lo escabroso del camino me hizo ser lo que soy. Por que a travez de todo ese dolor llegué a encontrarme.

Y no puedo estar mas orgulloso de lo que logré. De la fuerza interna, del empuje, de saber que esto tiene un sentido tan simple y llano como estar vivo. Y no solo eso, sino disfrutarlo. Vivirlo a pleno. De saberme capaz de sortear todos los escollos que el camino pueda presentarme y seguir sonriente. Siempre sonriente. De un tiempo a esta parte aprendí a no derrumbarme. Sino a simplemente tropezar y volver a levantarme. Con la sonrisa al viento en pos de nuevas aventuras. Todo esto es el centro de mi vida. Y si eso asusta a los hombres, bueno... pondré piloto manual que ya llegará alguién que celebre la vida conmigo.

¿Todo esto para qué? Simplemente para decir que los amoríos de una noche no son lo mio. Cuando estoy con alguien me desboco. Se me pierde la razón en algún lugar y me convierto en simple, puro y delicioso instinto. Pero pasa que si no encuentro feedback, si la persona no me llena el corazón, lo único que ese encuentro me deja es un inmenso vacio.

Y el último Romeo me dejó así, vacio. No es que hiciera lo que hice por presión, todo lo contrario. Lo disfruté y mucho. Fui malo y jugué con él, por la peor razón del mundo: Porque podía. El tampoco se negó, pero realmente y a fuerza de ser sincero, él quería alguien dependiente. Una persona con fortaleza cero. Alguién que lo hiciera ver más grande.

Y yo, la verdad, no estoy para dorarle la pildora a nadie. Yo no quiero ser el perrito de nadie, ni quiero a alguién que sea el mio. No, lo que yo quiero es un compañero. Estoy tranquilo, algo dentro mio me dice que pronta ha de aparecer. Y aparte de todo lo anterior, y por sobre todo, soy un hombre de fe.

Sé que todo llega para quien sabe esperar.

La primera cita siempre es complicada. Si nunca se vieron, el nivel de nerviosismo se incrementa casi al infinito. La caminata previa hacia el sitio del encuentro esta plagado de preguntas del tipo "¿Como será?", "Le gustaré" y -obviamente- "¡En qué me estoy metiendo?". Las otras no sé, pero la última no falla. Al menos no en mi caso.

La cosa es que este sábado por la noche tuve una. No la buscaba, no la quería pero se dió. Y como no tenía planes, andaba medio bajón -a causa de la pélicula Avatar, pero eso lo contaré en otro post- y venía hablando con el muchacho en cuestión desde hacia un tiempo, decidí que era el momento. De última ya estaba medio bajón, y si no era lo que decía ser, minimo me ahorraba un día más de depresión ¿no?. Así que vestidito y perfumado enfilé hacia el lugar del encuentro.

Debo decir que designar un lugar fue toda una odisea. No porque hayamos tardado horas en ponernos de acuerdo, sino porque decidir encontrarnos en terreno neutral implicó un largo debate sobre yo y mis principios.

La charla fue más o menos así:

El: Venite a cenar a casa. Pedimos pizza.
Yo: No, a tu casa no. Mis principios me lo impiden.
El: Entiendo que sea por seguridad... pero ¿principios? ¿quién tiene principios hoy en día?
Yo: Yo. Por eso no voy a tu casa.
El: Entonces si no queres cenar vayamos a tomar algo.
Yo: Quiero cenar pero no en tu casa.
El: ¿Y si te digo que mi casa es segura? Hay un guardia en la puerta y todo.
Yo: Eso no es garantía de nada ¿Y si resultás ser un asesino serial y me haces trocitos y me metes en la heladera? No, paso.
El: Me estás comparando con... ¿Cómo era? El que hizo Anthony Hopkins...
Yo: Anibal Lecter. El silencio de los inocentes.
El: ¡Ese! ¿Me estás comparando con ese tipo?
Yo: No, de hecho te imagino como un asesino seríal más joven y lindo.
El: Me quedo más tranquilo.
Yo: Me alegro ¿entonces tragos después de cenar?
El: Bueno.

Para más datos debo decir que nos "conocimos" brevemente by net. Eso significa un par de charlas por msn, un par de fotos -donde él se veía muuuy bien- y luego de que él largara un "Me aburre escribir, te llamo ¿querés?" nos colgamos hablando por telefono no más de diez minutos donde acordamos lo anterior.

Así que eran las once y cinco. Yo entraba al bar mientras empujaba las espectativas al suelo (no me gusta ilusionarme, prefiero que las cosas simplemente surjan) y lo buscaba entre la muchedumbre. Reconocerlo fue fácil. Por la remera que llevaba puesta. Era un semaforo de un solo color que destacaba en la oscuridad del ambiente: Rojo. Entonces me acerqué, le pregunté el nombre, nos saludamos, me senté y lo miré bien. Lo primero que pensé fue "¡No es el mismo de las fotos!"

Como dije, espectativas cero, así que veamos adonde nos lleva la noche. La charla empezó incómoda. Algo pasaba y no podía definir que era. El estaba inquieto. Movía las piernas constantemente. Miraba el celular. Me evadía y sacaba la artillería pesada. Al principio pensé que era yo. Qué no le gustaba. garrón. Mi ego sufre.

Pero no. No sé en que instante pude descifrarlo, pero resultó ser completamente lo contrario. La razón de sus nervios era mi sola y simple presencia. Evidentemente no solo le gustaba sino que bastante. Y ahí empezó el juego de mediciones. Ahí empecé a divertirme. ¿Por qué? Porque él me quería en su cama y yo me negaba. No por histerico, ojo, sino por qué ¿Cómo me voy a acostar con alguien que no conozco? No es lo mio, no es lo que quiero.

Y de entre todas esas mediciones que hizo largó una que en cuanto la escuché me dije "Esta definitivamente va al blog":

El: Bueno, ¿qué vas a hacer? Mirá que este es un tren que pasa solo una vez ¿eh?
Yo: ¿En serio?
El: Si. Solo una.
Yo: Si solo pasa una vez, entonces, no es un tren que me interese tomar.

Lo dejé duro. Acto seguido me tiró la cáscara de un maní. Me miró con odio y cambió la estrategia. Yo, mientras tanto, me divertía. El no era el de la foto. No importaba. Había algo en él que me resultaba atractivo. De hecho, aún ahora no sé porque un tipo pedante, soberbio, orgulloso y caprichoso me sigue pareciendo atractivo. Tiene algo que me gusta. Y eso es mejor que una foto.

La noche siguió. Él con sus intentos, yo con mis negativas. "Hace calor" dijo y nos fuimos del bar a caminar. Después de un par de cuadras el deseo de besarlo me consumia. "Vamos por acá" dije finalmente. Calles semi oscuras, cero gente y la noche que invitaba a la trampa. "Está oscura ¿no es peligroso?" y ahí me dejó duro. "No pasa nada. Vamos que es más tranquilo"

Soy un tipo pasional. En asuntos del amor me cuesta controlarme. Pierdo la razón y derrapo. Más cuando ingiero maní. Y esa noche acompañaron las bebidas. Y yo estaba por un lado controlando mis impulsos. Solo quería dos cosas: Un beso y no perder los estribos.

Llegamos a su auto. Empezó a balbucear estupideces. Pierdo el control y las palabras simplemente salieron de mi boca "¿Querés callarte y besarme de una vez!" él se rió y bueno... la música, el aire acondicionado de su auto y el morbo público fueron más de lo que pude resistir. Perdí el control y -literalmente- lo volví loco. Creo que le dolía tanto placer. Más que nada porque me tomo mi tiempo. Mido el espacio entre una caricia y la otra. Y en el climax me detengo para empezar otra oleada de calor.

Volví a mi casa preguntandome si no fué mucho. Como dije, en esas situaciones pierdo el control y me vuelvo una bestia que solo sabe complacer. Me sale natural. Y eso, a muchos, les asusta. Me fui a dormir y desperté hoy diciendome que hubiera estado bueno dormir con él, ¿raro, no? Así que no sé si llamará o se quedará en el recuerdo como una noche memorable donde por vez primera me dejé ser casi tal cual (si le muestro todo lo que soy, creo que huía y se hacía monje tibetano je) Tampoco sé si lo voy a llamar. Creo que sería bueno que por vez primera no sea yo quien marque el numero y de el siguiente paso. Pero hay algo que definitivamente sí sé:

Está bueno que te rueguen por más.

Tengo nueve días de de-lay, pero bueno: Es lo que hay je!

FELIZ AÑO BLOG MIO!!!

Mi blog cumple un año ya y como pasa el tiempo, que viejos que estamos jejeje no, en serio. Hace un año abrí este espacio para, de alguna manera, manetener un recuento de las cosas que me iban sucediendo. Y el 2009 definitivamente me sucedió.

Aprovecho el aniversario del blog para hacer una especie de balance del año pasado. Creo que de una u otra manera, ambos están entrelazados. Como dije, este sitio fue más un ayuda memoria que otra cosa. Para no perderme el rastro. Una especie de pulgarcito y sus migas de pan, con la salvedad de que a estas palabras no se las comen los pajaros.

Fue entre muchas cosas un año intenso. No dio respiro desde que empezó y menos aún hacia el final. De echo, pareció como si Agosto se hubiese extendido hasta el 1º de enero del corriente. En golpes y lecciones. Nada grave ahora que lo pienso, pues como se ve, sigo entero y andando para contarlo. Pero la sudé eh? de echo, pedí por favor que se detuviera y me dejara respirar, pero no. No dió tregua.

Gracias por eso.

Entre muchas cosas, descubrí proyectos. Me encontré buscando cosas, y de hecho, haciendo cosas para lograrlas. Muchas de ellas darán frutos este año. También me encontré alejandome de lo que me hace mal. En el camino quedaron amigos, amores y cosas que simplemente ya no iban pero que al ser como soy, terco, continuaba manteniendo.

Nada me ata. Es una realidad. Y si tengo una responsabilidad en esta vida, es conmigo. No me olvido de quienes me rodean, pero lamento informar que no, que primero voy a procurar mi bienestar y después, recién después voy a ver como ayudo al projimo. Veanlo como una cuestión de compensación kármica: años y años invertidos en pensar en los demás me dan la libertad de decir "ahora yo"

También aprendí que los amigos se van (o uno los deja, da igual) pero que esa limpieza trae nuevos. Personas con historias frescas que ayudan a engrandecer esta gestal que es el individuo. Que además uno tiene limites que no pueden ser franqueados y que uno está en paz, pues sabe que siempre actuó de la mejor manera posible. Yo estoy en paz. Y si esta paz implica estar solo. Bueno, es mejor eso que mal acompañado.

Pero la verdad es que no. No estoy solo. Hacia finales de año la vida me regó con nuevas personas, como ya dije. Seres impresionantes que tiran para adelante y que me empujan a mantener el nivel. Porque, así como ellos, yo no paro.

También me descubrí huerfano de amores. No hay nadie que me guste. Si los hay que me parecen atractivos, pero gustar-gustar, ninguno. Y en vez de tirar para abajo, me hace sentir bien. Estoy seguro que por estadistica, ley del destino, azar o simple coincidencia alguien va a aparecer, pero mientras tanto no pierdo el sueño. Disfruto de lo que tengo, hago lo que quiero y apunto a más. Siempre a más.

Resumiendo: el 2010 me encuentra feliz, agradecido por todo y vivo. Sobre todo vivo.

Ahora bien, rocco sigue internado. A esta altura me parece que falleció pero no me lo quieren decir, sin embargo, este es un compromiso que voy a hacer con este sitio: mínimo una actualización por semana. Y no creo que alcanze, pues tengo taaaanto que contar jejejeje

A todos, feliz 2010.

Resulta que de pronto, sin avisar, cuando vos estás tranquilo viendo como corre la vida. Pensando en por qué estás quieto, o mejor dicho, sabiendo que estás quieto porque cuando empiezes todo eso que tenés acumulado sabés que no vas a parar, sucede que aparece una ventana en tu msn o un mensaje de texto diciendo "Felices Fiestas" de la persona que justamente no querías.

Y ahí nomás, tambien si previo aviso, todo vuelve. Todo lo que no olvidaste, pero que te encargaste de enterrar. Porque no no no. No funciona. No funcionó y no iba a funcionar. Otra mala elección de las tantas que hiciste. Así que tomaste todo el conjunto de sensaciones, lo envolviste, le pusiste un moño y se lo entregaste al tiempo para que lo vaya erosionando. Porque no. La verdad es que no lo superaste.

Hiciste como siempre. Respiraste y seguiste, teniendo presente que la misma historia de siempre es algo a lo que ya no áspiras. Algo que esperas evitar la próxima: siempre la próxima. Y no importa. No importa que haya ocupado tiempo de tu terapia; qué incluso, al final, tu terapeuta haya alabado por la manera con la que manejaste la situación. No importa incluso cuando te sonreiste. No lo hiciste porque lo hayas entendido, sino porque querías pasar a otro de los tantos temas que te hacen ir una vez por semana. Y la verdad, hablar de él ya te cansa. Simplemente porque pese a todo nada borra lo obvio: No funcionó.

Pero como siempre, él vuelve. Todos vuelven. Siempre vuelven y el desastre con ellos. Y, obviamente, se van de nuevo. Ni siquiera tenés que decirles hola, ni siquiera tenés que responder. Nada de eso. Porque repito, no importa. Ni siquiera importa que se vayan, porque eso no es lo que cuenta.

No, lo que cuenta es que aparecen, abren la ventana y dejan que el viento traiga de nuevo todo lo que se había llevado. Se van y vos quedás ahí, con el alma revolucionada de incognitas, pero principalmente preguntandote "¿Para qué volviste?"

Y es tal vez el fin de año, o los golpes del final, o... bueno, no sé. Ponele que algo pasa que haga que yo esté así, sin ganas. Seguro seguro es el fin de año que me agarra con las pilas bajas. O tal vez sea que la zanahoria no me gusta, entonces cuando finalmente agarré la punta del palito resultó que me acordé de eso y ahora no quiero ensalada.

¿Histerico yo? Un poco tal vez. Me tiro más a indeciso.

No sé.

La cosa es que estoy con las pilas bajas. Pero bajas mal. Mal de quedarme sentado en el sillón pensando que hacer. Decidiendo que hacer, y para cuando lo hago ya es de noche. Persianas bajas y a la cama.

En fin ¿Quién quiere tener vacaciones cuando no sabés que hacer?

Diciembre es un mal mes para empezar lo que sea que quieras empezar.

Rocco sigue internado. Así que heme aquí con esta impostora que no se le acerca ni a los talones. Si, es más rápida. Si, tiene más espacio. Si, tiene más chirimbolos y todo lo que quieran pero no es mía.

La cuestión es que parece que el enfermo está decidido a morir y la clínica donde estaba aposentado se quedó sin medios, así que llamaron para avisarme que lo trasladaron a una bonita clínica privada en Suiza donde cuentan con tecnología de punta para darle la atención que se merece.

Mientras, yo espero.

Pero la que no espera es la vida que va sin pausa. ¿Yo? simplemente me dejo llevar. El tiempo escacea y las situaciones se amontonan en mi cabeza. Vamos bien, pero estoy exhausto. Necesito vacaciones, pero también necesito que mi jefe deje de jugar a la generala con mis horarios.

Mi jefe y yo tenemos una relación rara. Yo creo que de alguna manera no termina de comprenderme y él -de toda la empresa- es la única persona que con su sola presencia es capaz de hacer que me corra un escalofrío por la espalda. Si a eso le agregamos que siempre que aparece yo estoy haciendo una estupidez... Por estupidez leamos que estoy cantando por los pasillos -torturando dirían unos- o bailando lo-que-sea-que-escupa-la-radio. Tirando avioncitos de papel o leyendo con las piernas apoyadas sobre la mesada...

Y esto me lleva a lo siguiente: hoy todos en el área llegaron a la conclusión de que soy Extraordinario. No puedo estar mas de acuerdo. Pero para esto mejor les dejo un ejemplo: Digamos que Fernando es la cara del área. Cuando él está, el aire vibra y las bromas corren. No se cansa de hablar. Siempre tiene algo que agregar, algo que comentar, algo que preguntar. Y sus preguntas pasan desde el por qué del Big-Bang hasta la literatura y sus diferencias con las ciencias exactas. O sea, se habla de todo. Y hace del ambiente laboral un lugar más ameno. Así que si te mandas una, él algo va a decir.

Entonces tenemos a Fernando entrando al área. Yo mojado de arriba a abajo gracias a una manguera impertinente que largó su chorro a toda presión y simplemente se me zafó del agujero en el que estaba tratando de meterla. El piso, un océano. Es así que pícaro dice:

-¿Me querés explicar como en cinco minutos pudiste hacer de este sacrosanto lugar de trabajo una versión a escala de la cuenca del amazonas?

-Fer, antes de que añadas algo más, partamos de la base de que yo no soy normal. Desde ahí, TODO me puede pasar ¿no? -dije mientras tomaba el lampazo y comenzaba a secar mi "pequeño" desliz.

-Me voy cinco minutos ¡y mirá! ¡Decime como haces! No entiendo.

-Te repito Fer: No-soy-normal ¿Decias entonces...?

Carcajadas mientras llamaba a todos para que vean como había baldeado el piso sin quererlo. Yo me reía mientras limpiaba. Después de todo era solo agua. Pero no termina ahí, ¡no! porque resulta que con el correr del día tuve que tomar la manguera para llenar un bidón y desde la otra punta del área se escuchó la voz de Fernando gritando alarmado:

-¡Cubranse! ¡Rain tiene una manguera y no tiene miedo de usarla!

Más risas. Y la certeza de que cada vez que, en el futuro, tome una manguera para lo que sea, alguien va a tomar una tablilla de las que usamos para anotar los datos y se va a cubrir con cara de pánico o va a preguntar desde el rincón más alejado del área con aire de pobre victima "¿Si me paro acá me vas a mojar también?"

Me mata el también.

Y hoy no se cómo, no se por qué, nos encontramos analizando el significado de la palabra "Extraordinario" y llegamos a la conclusión de que la misma es un adjetivo que denota algo fuera del orden o regla natural o común... entonces, en relación a mi es simplemente un 2+2 ¿no?

No sé. Yo la paso bien. En una próxima entrada voy a contar por qué debería haber apostado mi sueldo a mi favor en el trabajo, pero hoy no. Porque escribir en este teclado es una verdadera tortura.

Rocco I miss you :(

PD: ¿Debo indicar que hasta que Rocco vuelva no voy a comentar blogs o se sobreentiende? Porque quiero, pero me duelen los dedos cuando tipeo acá... mucho. Los leo, si. Pero no comento... que le vamos a hacer. ¡YA SE! ESPEREMOS.

Vivo.

Resulta que mi maquina decidió pasar a mejor vida hace mas de un mes. Claro que el (mi maquina es masculina) no contaba con que este despistado ser humano tuviera la garantía a mano, así que debo decir que hace un mes y dos semanas que está en terapia intensiva batallando. ¡Y mierda que está dando pelea!

Tiene a todo el staff del servicio técnico atónitos. Es que cuando le reparan una cosa, salta otra. Y así pasan los días. Y yo, cual madre judia, llamando casi todos los días para ver cuando me lo pasan a piso. Creo mi insistente ruego por una respuesta conmovió intimamente al jefe de cirugía porque tuvo la descencia de alcanzarme una máquina similar a la mia para que "paliara la espera" Como una especie de calmante cibernético.

Y cuando me refiero a "alcanzarme" lo digo en serio: El hombre me la trajo a casa. Nota al pie: Casi no lo reconozco. Juraría que cuando lo vi por primera vez tenía el pelo castaño, no ese verde furioso que ahora ostenta.

La cuestión es que esa maquina prestada no es la mia, y no se por qué, pero para mi, escribir en ella es como tratar de tocar el violín con un charango. Dificil, disonante y por sobre todas las cosas incómodo.

Pero no pude más.

Traté y traté de resistir venir acá a dejar una pequeña huella hasta tanto no recuperara mi violín. Se sentía raro pensar en escribir en algo que no fueran mis teclas. Algo que no fuera mio. En mi cabeza se acumulaban los post. Las cosas que me encantaría contar y -de alguna manera- compartir. Estaba todo bien, solo tenía que esperar. O sea ¿Cuanto tiempo más va a estar en terapia? Hoy se me hace que para siempre. Mientras, los articulos para corregir simplemente aumentan, las ideas quedan anotadas en el margen de algún bloc o archivadas en la cabeza a la espera de no ser olvidadas, sin embargo, Hoy no pude más. Tal vez es por como me siento, por como este sitio me ayuda a trazar mi historia que hoy usurpé una maquina en el trabajo y finalmente pude ponerme a tipear. Eso o había que abrir la válvula de escape.

Empecemos.

Lol-it!: Recibí tu mensaje. Y hasta pasé por tu blog para decirte que no, que nada había explotado en el trabajo, que seguimos bien, pero despues del decimo intento de que tu pequeño espacio aceptara mi clave, capitulé. Sin embargo, debo decirte que si: hubo explosiones desde la última vez que estuve por acá. Y ahora que lo pienso tienen mucho que ver con eso que vi el día de mi cumpleaños.

Desde el catorce de Septiembre la vida no me dio respiro. Mientras mi vida laboral se complicaba más y más (lease como un exceso de trabajo) cayeron golpes, pero desde los lugares menos pensados. Juro que en mi vida hubiera pensado que vendrían de ahí. De repente me sentí como hace años, hablando con las paredes. Sin ser escuchado, o tenido en cuenta. Y la cuestión fue increcendo. Llegó con el primer golpe y se extendió como un cancer por todos lados ¿o estaba ahí desde hacia tiempo y recién ahora lo veía? No sé, no importa. Metastasis. Y si algo aprendi de ER es que al cancer se lo extirpa. Me pregunté cómo. Me pregunté si tenía que hacerlo. Me pregunté si dolería. Si aún estaba a tiempo. Hice cientos de preguntas pero lo importante es que todas tuvieron la misma conclusión: Hay que extirpar lo que te hace mal.

Porque el respeto empieza por casa. Y si yo dejo que me falten el respeto, que se pasen soberanamente lo que digo por las partes más bajas y que me tomen por estupido... bueno, definitivamente es que SOY un estupido ¿no? No. No soy un estupido. No me gusta que me tomen por uno y menos en mi propia casa.

Comenzó conmigo dandome cuenta de que tres pelos de concha realmente tiran más que una yunta de bueyes (Siempre pensé que eso era un mito, pero no. Evidentemente el Factor Gay en mi vida me ha inmunizado contra ello ¿está mal sentirse bien por ello?). Mi casa fue violada contra mi voluntad ¿Lo más triste y patetico de todo esto? Estuve una hora y media hablando con el individuo que cometió la atrocidad esgrimiendo mis ciento un razones por las que no quería a nadie extraño en mi casa. Todo mientras mi sentido común me impelía con preguntas del tipo "¿Con un simple NO TRAIGAS A NADIE no alcanza?" Los hecho muestran que evidentemente no alcanzó ni siquiera con todas las explicaciones. Pero a esa conclusión llegué después, mientras me tomé mi tiempo, expliqué y recontra expliqué por qué no quería a nadie ajeno a mi vida en las cuatro paredes de mi departamento. Y no contento con esto: Volví a explicarlo ¿Lo más raro de esto? Me sentía estupido explicando lo obvio y mal por pensar que alguien que era de mi más intima confianza podría violar mi hogar.

Pero lo hizo.

¡Así que no me sentí una, sino dos veces estupido! ¡Dos! Una cuando era una sospecha y otra cuando pasó a ser una certeza. Y ahí fue como volver al infierno de mi infancia y toda mi vida en familia, donde dijera lo que dijera no importaba. Donde yo no contaba. Donde era menos que nada: "¿Para qué prestarle atención a lo que Rain dice, si él se banca todo? El es fuerte y de última que se queje que ya se le va a pasar. Tiremos los hilos que -creeme- no se rompen. Es más, solo habrá que esperar a que se asiente el polvo y seguro-seguro lo podemos hacer de vuelta. E incluso ¿sabés? Hay veces en que ni siquiera tenés que esperar que se asiente ¿no es genial? Se banca todo el imbecil" Y es verdad, el hilo no se corta, yo me banco muchas cosas y a veces saco fuerzas de donde no tengo para seguir adelante. Sin embargo, aprendí en estos últimos tiempos a usar tijeras, así que de ahora en más Yo a los hilos los corto.

Entonces fue: "La trajiste. Te dije que no. Lo hiciste igual. Te expliqué por qué no. Lo hiciste igual. Mala decisión... muy mala. Dame mis llaves por favor y que te vaya bonito" Como yo lo veo, fue una simple cuestión de decisiones: Él decidio pasarse por el quinto forro de las pelotas lo que dije y yo decidí simplemente tratarme bien.

Para mi la confianza se perdió... o mejor dicho, la hizo trizas. De ahí en más, el resto del cámino es irremontable. Si no puedo contar con que mis amigos me traten bien ¿Qué sentido tiene una amistad? y aún más ¿Que puedo esperar del resto del mundo? Acá no tengo escala de grises: o es blanco o es negro. Simple.

Así que, si bien está todo bien, ya no es -ni será- lo mismo. Ahora, cada vez que llame, sopesaré si salir con él es un mejor plan que... no sé... quedarme en mi casa cortandome las uñas ¿se entiende? Ya no habrá corridas a media noche porque tuvo una emergencia, horas colgado al telefono, msn o cualquier otro medio poniendole el hombro a lo que sea que le suceda. Menos aún "si, no hay drama, quedate en el dpto mientras trabajo y si queres el resto de la semana" (queda claro que la entrada a mi casa la tiene prohibida)

Espero realmente que esos tres pelos de concha hayan valido mi amistad. Realmente lo espero, aunque en mi fuero interno lo dudo mucho, capaz que por ese olorcito a "me pelee con mi novio y entonces salgo con vos" pero que se yo, la verdad es que no me interesa... Se me va de las manos Y las tengo demasiado ocupadas con mi propia existencia como para fingir interes. Por lo cual, terminé ese episodio como correspondía: Hice mi duelo (¡Definitivamente lo mio son los velorios! ¡ja!), agradecí -y agradesco- los momentos compartidos y las lecciones aprendidas pero como nada me ata, hago lo que siempre: Moverme hacia adelante, en busca de nuevas aventuras.

Esa fue la primera operación exitosa. Debo decir que el sacudón me permitió ver la metastasis en todo su esplendor, y si bien es impactante, estoy extirpando esas otras facetas también. De a poco. Despacio. Increiblemente no tengo apuro. Flash decidió dejar de correr y aprender a caminar. Pero no me interesa mencionar cuales son. Simplemente diré que antes estaban y ahora hay algunas que no y otras en vias de extinción. Es una simple cuestión de tiempo hasta que quede limpio. Esta la menciono simplemente porque fue la que me abrió los ojos a un circulo de dolor y maltrato que estoy lentamente haciendo polvo.

¡Y mi dios! ¡Si que se siente endemoniadamente bien!

Además ¿saben qué? Mi revolución ha comenzado a dar frutos, porque ya escucho los ladridos, y como bien inmortalizara el Quijote, "Ladran Sancho, señal que cabalgamos"

Amén.

Y entonces llegó el viernes. O mejor dicho la mañana del sabado. Trabajando de noche se complica un poco saber cual día es cual. Como sea. ¿Trabajo? mucho ¿Cansancio? más. Una escalada insoportable que se colaba por entre los omoplatos desfigurando la sonrisa en un rictus permanente de dolor.

Y a la noche había fiesta, y antes de la fiesta cita y las ganas faltaban. Porque fue una semana dura. Dursima. Estaba cansado. Observar lo que te pasó y lo que te pasa cansa, mucho. Ver cuan grande estás. Cuan lejos estás de donde creías estar y cuanto te falta aún por recorrer eso cansa más.

En los 26 aposté pequeñas cosas. Fueron movimientos casi timidos. Me arriesgué poco por miedo al palazo. Estaba a la vuelta de la esquina. En mi historia, el golpe siempre está a la vuelta de la esquina esperando un momento de flaqueza para caer con toda la furia. Dejarme tirado, reirse y volver a la vuelta de la esquina a que me medio armara de nuevo para que el ciclo de corridas volviera a repetirse.

Sin embargo, el palazo no vino. Y si vino no pudo golpearme. Porque gané las apuestas. Llevó trabajo intenso y constante. En ese año que fueron 26 me aprendí y apliqué aquello que venía viendo desde hacia tiempo. De alguna manera supe enfrentar lo que sea que me echaran encima y mantenerme -al mismo tiempo- entero y feliz.

En los 26 aprendí a ser feliz. A reconocer los meritos propios y la fortaleza que largamente me forgé. No me quedó otra. Mi historia no es de las más felices, que se le va a hacer, hay que seguir. Y seguí, seguí descubriendo cosas que hacen que vivir sea un placer. Me di cuenta que soy así, que cada día que pasa encuentro algo nuevo, que cada día me encuentro y está bueno.

Pero ver todo eso cansa.

Y el sábado a la mañana, estaba cansado. Y triste. Porque las distancias recorridas son realmente subjetivas. Entonces, vos pensabas que estabas ahí cuando no. Ese no era ni es tu lugar. Y querés volver y no podés porque se siente forzado. Además, tambien sabés que no querés volver. Que lo que llora es esa parte puta tuya que cree que "merece" ese barro del cual saliste. Y sentís pena, entonces ¿qué hacés? Llorás.

Así que eso hice ese sábado. Me calcé la cinta negra y me puse de luto por los muertos dejados en el camino. Ensalsé los tropiezos y las vueltas en circulo mientras tipeaba un "Hoy-no-hacemos-nada-estoy-enfermo" todo junto. Recordé cada una de las caidas y lo que aprendí de ellas cuando le envié a mi cita un mensaje diciendo "me-descompuse-será-la-próxima" Mojé la almohada al recostarme para dormir el sueño de los justos.

Y por eso, cada vez que alguien me pregunta "¿Cómo pasaste tu cumpleaños?" yo contesto: De luto. Por que si algo aprendí en este corto camino es que antes de seguir, hay que llorar a los muertos.

"Te olvidaste de mi cumpleaños. No tenés perdón del cielo. Listo. Me saqué la bronca."

Ese fue el mensaje. A los cinco minutos me llamó. Me rogó perdón. Me dió explicaciones que no pedí. No las necesitaba. No me importaban. Con ella siempre va a estar todo bien. Es una de mis más intimas amigas. Una con la que no tengo que contenerme, con la que hablo con todas las letras del abecedario. Ya le dije, si yo fuera hetero me caso con ella. Y de hecho, creo que en una pareja busco cosas que ella tiene. No por nada tuvimos una historia juntos. No funcionó. Pero esa historia merece otro post. Ella merece un post entero.

Hablamos un rato. Nos resumimos nuestras vidas. Le conté lo que me venía pasando. Las conclusiones a las que estaba llegando y lo diferente que esto se sentía de veces anteriores. Ella se alegró por mi. O conmigo, que es mejor.

Cortamos. Es hora de planear la fiesta. Tal vez si me siento de humor para festejar después de todo ¿Estará conectado mi amigo del bar? no parece. Zero K hace su entrada triunfal.

Zero K: FELIZ CUMPLEAÑOS EL LUNES!!!
Rain: ¬¬ te odio.
Zero K: porqué? no fué un feliz cumpleaños?
Rain: ¬¬
Rain: te
Rain: odio
Zero K: porqué?
Rain: te olvidaste de mi cumpleaños.
Rain: no tenés excusa.
Rain: así que bancate mi odio y no trates de arreglarla porque la vas a empeorar.
Zero K: NO ME OLVIDÉ! te esperé a que te conectaras!! no te conectaste!!
Rain: ¬¬ esa es la excusa mas burda que existe ¿no valgo un llamado por telefono, mensaje de texto o apersonamiento? ¡Hay algo llamado mail!
Rain: La estas embarrando mas.
Rain: Callate y dejalo así.
Zero K: ¬¬ bueno, solo iba a decir que si no tenemos en cuenta el tema de que estoy hasta las bolas 20 de las 24 horas del día, si, podría haberte llamado... pero cuando me acuerdo no tengo tiempo y cuando tengo tiempo ya estoy durmiendo...
Rain: Te olvidaste de mi cumpleaños. Punto.
Zero K: no me olvidé!
Zero K: nomás no te llamé...
Zero K: además, lo primero que te dije fué "feliz cumpleaños"
Rain: Porque ya que nos ponemos minuciosos, debo decirte que cuando necesitas una pausa, un hombro o lo que sea que requieras, ahí estoy.
Rain: Y no, no te olvidaste
Rain: simplemente no pudiste anoticiarme que te acordaste.
Rain: ¬¬
Zero K: lo se, se que siempre estás
Rain: entonces, reformulo: No me anoticiaste que te acordaste de mi cumpleaños.
Rain: Así que bancate mi bronca y listo.
Rain: Está todo bien.
Rain: Ya reté a tu hermana. Ahora te toca a vos.

Cabe aclarar que mientras tipeaba no podía dejar de reirme. Creo que nunca llamé a nadie porque no me hubiera llamado. Pero dada la semana que venía llevando, debo decir que realmente esperaba sus palabras. Y está todo bien, pero era lo que quería y lo que necesitaba. Decirles "Hey, te estuve esperando. Sabe que no me gustó que no estuvieras ahí"

Simplemente eso. El resto del día transcurrio básicamente en horizontal. Si bien comenzé a entender un par de cosas, el cansancio aún pesaba. Pensé en todo. En esa fortaleza adquirida, en los logros obtenidos, en los proyectos a futuro, en el trabajo, en la seguridad interna, en los lugares que ya no ocupo, en lo que quiero, en lo que no quiero y en esa tristeza rara e inexplicable que me embargaba.

Es que me sentía triste, pero por otro lado contento. Era como estar mal, pero sabiendo que hay un calorcito interior reconfortante difícil de explicar. Entonces caí en la cuenta de lo que realmente me estaba ocurriendo: Yo crecí. De golpe me entraron veintisiete años al alma y estaba de luto.

Esto fue un jueves. Nos queda el viernes donde finaliza, y el sábado, que marca el epílogo.

Carta Magna

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