Cuando la ruina amenaza tu casa, la derribas y construyes otra más sólida, sin embargo, hasta que esté terminada, todo a tu alrededor es caos y confusión

Podríamos decir que este es mi estado actual: Caos y confusión. Hay mucho que contar en este tiempo de ausencia, pero empecemos por dar un simple panorama de la situación y con el correr de los días iré escarbando en los muchísimos temas que subyacen a este escrito.

Como señalé arriba, la casa se cayó. La tiré, se derrumbó, no importa. La cosa es que hubo un desplome. Ante mi se presentan dos caminos ¿cuál he de elegir? Esa es la cuestión. En un principio pensaba que la respuesta era obvia: El camino prospero. Ese que hace que la vida sea dichosa y feliz. El otro es un viejo conocido, cuya comodidad la vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo. Más del que me gustaría. Y no lo sostengo por lo lindo ¿eh? De hecho es lo más parecido a un invierno nuclear que puedo imaginar.

Y me agota. Me cansa sostener situaciones, personas o tiempos que, francamente, son insostenibles de por sí. ¿Por qué lo hago? Quien sabe ¿costumbre tal vez?. No encuentro respuesta. El lado conciente grita que me detenga casi hasta quedarse afónico, que me corra de una buena vez y salte al nuevo camino. Y quiero hacerle caso, en serio… pero no puedo.

No puedo despegarme de las viejas costumbres, de los lazos antiguos que aún hoy continúan tirando. Lejos estaba yo de saber que esos lazos se anudan en mi cuello y que me están ahorcando. Me asfixian. Y mientras dudo si desanudarlo, mientras lucho por hacerlo, el tiempo pasa y el miedo crece.

Miedo a perder el camino, miedo a perder la oportunidad, miedo a que no pueda sacarme el lastre que está, a esta altura, encarnado. Miedo a sacármelo ¿Qué hay más allá? ¿Cómo será vivir sin el nudo en mi garganta? ¿Cómo será vivir? Y si dejo de sostener lo que vengo aguantando ¿se caerá? Y si se cae ¿qué pasa?

¿Qué me pasa con eso?

Sumado a este periodo de confusión, una legión de definiciones mías hacen acto de presencia. Gente que no conozco habla de mi. Estoy acostumbrado a que la gente hable de mi. Está visto que no soy de los que entran en una habitación y pasan desapercibidos. No. Está todo bien mientras no me entere. Será que me gusta más hacer sin que se note. Mantener el perfil bajo.

Pero se nota. Mi laburo habla por mi. Y por lo visto es excelente. Las definiciones son buenas. Ninguna negativa. No hay un “debería haber hecho esto” o “Podría haber sido mejor”. No. Al contrario. Son del tipo “Estás haciendo un trabajo excelente. Seguí así” o “No te preocupes, tropezón no es caída. Vos podés”. Entonces ¿Por qué eso, que debería efectivamente ponerme contento, no deja marca? Tal vez porque tanta confianza me abruma, tantas fichas puestas sobre mi persona me aterran.

Y si, el camino nuevo me da miedo. Las ganancias, tanto económicas como personales, que puedan llegar a generarse me aterran. ¿Estoy listo para un nuevo tipo de vida? ¿Quiero ser aceptado y reconocido? ¿O prefiero está vida donde el dolor, la culpa y la desolación gobiernan de facto?

Las preguntas se agolpan, pero no encuentro respuestas. O mejor dicho, se de donde viene el miedo. Se de donde viene la carencia de satisfacciones cuando se trata de mi propio trabajo: Del mismo lugar de siempre, mi familia. Y mi familia me estalló en la cara ¿coincidencia? No lo creo. Más cuando la Ley “¿Por qué no diez?” es aplicada en todo su maravilloso y riguroso esplendor.

Cuenta la leyenda que cuando Rain contaba con trece años, apenas ingresado al mundo estudiantil, su bio-mamá nunca festejaba sus aciertos académicos. Cuando el pobre infeliz llegaba a casa con un nueve -¡Un nueve! ¡Vamos que no es moco de pavo!- ella muy seriamente le decía “¿Por qué no diez?” y de ese modo conseguía aplastar toda la felicidad que Rain había cosechado desde que salía del colegio hasta que llegaba a su casa. Situación que se repitió durante toooooodo el primer año del secundario.

Consecuencia de esto es que Rain decidió que su bio-mamá jamás festejaría o acompañaría los logros de su hijo. Así que solo le decía como le iba cuando le preguntaban (Y se moría por dentro cuando salía a relucir la tan mentada frase) Pero lo peor no fue eso, sino que jamás le dio importancia a sus pequeñas victorias. Esto quiere decir que el sentido critico aumentó en un 100% pero para el lado contrario. Siempre se fijaba en las tierras a conquistar, nunca en el reino anexado.

Rain no es un cerebrito. Nunca quiso serlo. Podría haberlo sido, pero en un pequeño acto de rebeldía, decidió que el colegio no merecía el ciento por ciento de su atención y que era más que nada algo que debía superar para poder largarse de su casa. Así que jamás tuvo una carpeta completa, una cartuchera o una lapicera que durara más de diez días. Apenas cuidaba los libros y si asaltaba un examen, sacaba fotocopia y repasaba de ellas. Cabe aclarar que fueron pocas las ocasiones en las que Rain debió sentarse a estudiar. La adquisición de conocimientos siempre fue algo sencillo para él. Después de todo, solo tenía que recordar lo que le habían dicho en clase y aplicar un poco de sentido común.

Así sobrevivió al secundario. Consiguió un trabajo y se largó de su casa.

Llegando a la universidad, pensó que sería libre de la tan mentada ley. Siendo un hombre que solo había pedido ayuda a sus padres en materia académica cuando se encontró con la más enroscada profesora de matemática, supuso que la facultad no supondría ningún tipo de problema. Él sabía como ocuparse de sus estudios.

Y de hecho, el problema fue que no le generaba problemas. Iba y aprobaba. Se castigaba preguntándose si no debería dedicarle más tiempo, ya que “estudiaba” muy poco en comparación al tiempo que le dedicaba al ocio, pero no le iba mal. Estudiaba de a ratos, comprendía lo que le enseñaban y tenía una dinámica excelente en cuanto a usar el sentido común para interrelacionar los textos.

El problema surgía cuando le entregaban las notas. En ese momento se dio cuenta que no le importaban. Si era un 2 o un 10 no había diferencia. Una vez salió como el mejor examen de la materia. Alta nota en una materia complicada. Un ocho. Y ahí se dio cuenta que la sensación de alegría simplemente faltaba. Vacío. Así era como se sentía. Algo como “Que pase el que sigue”

Y Rain ya no quiere sentir eso: Ya no es que pase el que sigue, no. Ahora es tiempo de hacer valer el esfuerzo. Y si al nudo de mi garganta no le gusta, pues mala suerte. Ya no quiero perder tiempo en preguntas inútiles.

¿Me asusta el nuevo camino? Si. ¿Me asustan las ganancias que puedo tener por esforzarme como siempre hago? Si. ¿Me siento a la altura? No. ¿Estoy a la altura? Si. ¿Quiero reconocer mi esfuerzo, valorarlo y festejarlo? Si.
Si, si y si.

Cuando la ruina amenaza tu casa, la derribas y construyes otra más sólida, sin embargo, hasta que esté terminada, todo a tu alrededor es caos y confusión. Así estoy, construyendo mi nueva casa. Una donde pueda vivir… porque hasta ahora, tan solo sobreviví.

Ricky Martin salió del closet. Que grosso.

Paso una semana desde mi último post. O casi. Y -la verdad sea dicha- una semana en mi vida es una eternidad. Gracias a dios, la vida no me da respiro. Al contrario que el año pasado, esta vez no pido tregua. Me cansé de pedirla y, obviamente, me cansé de darla.

¿Recuerdan que en el post anterior decidí mostrarme real? ¿Dejar de jugar al personaje y ser simplemente yo? Bueno, al Romeo de turno eso pareció asustarlo, porque no llamó. No es algo que me sorprenda. La realidad es que cuando me muestro como soy, la gente me mira raro... perdón, la gente no: Los hombres.

Creo que jugaba al personaje por esa misma razón. Si yo no gustaba, si asustaba por ser como soy, entonces, mejor probemos otra cosa. Pero la verdad es que la pregunta se sostenía ¿Puedo vivir una mentira? Y la verdad es que no. No puedo. Y, mucho mejor, no quiero.

¿Por qué me miran raro? No sé. Podría arriesgar que mi seguridad abruma. Y cuando habló de seguridad no me refiero a montarme a mi ego y creerme que soy mejor que los demás. No. Eso es estupido. No soy ni mejor ni peor. Simplemente la vida me puso en situaciones donde o evolucionaba o moría.

Decidí evolucionar.

Mi seguridad interna viene de la experiencia y el aprendizaje. Soy plenamente conciente de que aún me queda mucho que aprender, detalles que modificar siempre en pos de ser una mejor persona. Mi seguridad no es algo que ostento sino algo que vivo día a día. También es algo que hasta hace un tiempo me asustaba. Tanto poder asusta.

Siempre me preguntaba por qué esconderme y no mostrarme tal cual soy. Siempre pensé que si me mostraba iba a salir lastimado. Y sinceramente, si, me lastimaron pero creo que fue justamente por no reconocerme a mi mismo. Yo dejé que me lastimaran. Entonces atacaron lo más profundo de mi ser y me complicaron la vida, y si bien aún siento algo de rencor (estoy trabajando en eso) no puedo negar que lo escabroso del camino me hizo ser lo que soy. Por que a travez de todo ese dolor llegué a encontrarme.

Y no puedo estar mas orgulloso de lo que logré. De la fuerza interna, del empuje, de saber que esto tiene un sentido tan simple y llano como estar vivo. Y no solo eso, sino disfrutarlo. Vivirlo a pleno. De saberme capaz de sortear todos los escollos que el camino pueda presentarme y seguir sonriente. Siempre sonriente. De un tiempo a esta parte aprendí a no derrumbarme. Sino a simplemente tropezar y volver a levantarme. Con la sonrisa al viento en pos de nuevas aventuras. Todo esto es el centro de mi vida. Y si eso asusta a los hombres, bueno... pondré piloto manual que ya llegará alguién que celebre la vida conmigo.

¿Todo esto para qué? Simplemente para decir que los amoríos de una noche no son lo mio. Cuando estoy con alguien me desboco. Se me pierde la razón en algún lugar y me convierto en simple, puro y delicioso instinto. Pero pasa que si no encuentro feedback, si la persona no me llena el corazón, lo único que ese encuentro me deja es un inmenso vacio.

Y el último Romeo me dejó así, vacio. No es que hiciera lo que hice por presión, todo lo contrario. Lo disfruté y mucho. Fui malo y jugué con él, por la peor razón del mundo: Porque podía. El tampoco se negó, pero realmente y a fuerza de ser sincero, él quería alguien dependiente. Una persona con fortaleza cero. Alguién que lo hiciera ver más grande.

Y yo, la verdad, no estoy para dorarle la pildora a nadie. Yo no quiero ser el perrito de nadie, ni quiero a alguién que sea el mio. No, lo que yo quiero es un compañero. Estoy tranquilo, algo dentro mio me dice que pronta ha de aparecer. Y aparte de todo lo anterior, y por sobre todo, soy un hombre de fe.

Sé que todo llega para quien sabe esperar.

La primera cita siempre es complicada. Si nunca se vieron, el nivel de nerviosismo se incrementa casi al infinito. La caminata previa hacia el sitio del encuentro esta plagado de preguntas del tipo "¿Como será?", "Le gustaré" y -obviamente- "¡En qué me estoy metiendo?". Las otras no sé, pero la última no falla. Al menos no en mi caso.

La cosa es que este sábado por la noche tuve una. No la buscaba, no la quería pero se dió. Y como no tenía planes, andaba medio bajón -a causa de la pélicula Avatar, pero eso lo contaré en otro post- y venía hablando con el muchacho en cuestión desde hacia un tiempo, decidí que era el momento. De última ya estaba medio bajón, y si no era lo que decía ser, minimo me ahorraba un día más de depresión ¿no?. Así que vestidito y perfumado enfilé hacia el lugar del encuentro.

Debo decir que designar un lugar fue toda una odisea. No porque hayamos tardado horas en ponernos de acuerdo, sino porque decidir encontrarnos en terreno neutral implicó un largo debate sobre yo y mis principios.

La charla fue más o menos así:

El: Venite a cenar a casa. Pedimos pizza.
Yo: No, a tu casa no. Mis principios me lo impiden.
El: Entiendo que sea por seguridad... pero ¿principios? ¿quién tiene principios hoy en día?
Yo: Yo. Por eso no voy a tu casa.
El: Entonces si no queres cenar vayamos a tomar algo.
Yo: Quiero cenar pero no en tu casa.
El: ¿Y si te digo que mi casa es segura? Hay un guardia en la puerta y todo.
Yo: Eso no es garantía de nada ¿Y si resultás ser un asesino serial y me haces trocitos y me metes en la heladera? No, paso.
El: Me estás comparando con... ¿Cómo era? El que hizo Anthony Hopkins...
Yo: Anibal Lecter. El silencio de los inocentes.
El: ¡Ese! ¿Me estás comparando con ese tipo?
Yo: No, de hecho te imagino como un asesino seríal más joven y lindo.
El: Me quedo más tranquilo.
Yo: Me alegro ¿entonces tragos después de cenar?
El: Bueno.

Para más datos debo decir que nos "conocimos" brevemente by net. Eso significa un par de charlas por msn, un par de fotos -donde él se veía muuuy bien- y luego de que él largara un "Me aburre escribir, te llamo ¿querés?" nos colgamos hablando por telefono no más de diez minutos donde acordamos lo anterior.

Así que eran las once y cinco. Yo entraba al bar mientras empujaba las espectativas al suelo (no me gusta ilusionarme, prefiero que las cosas simplemente surjan) y lo buscaba entre la muchedumbre. Reconocerlo fue fácil. Por la remera que llevaba puesta. Era un semaforo de un solo color que destacaba en la oscuridad del ambiente: Rojo. Entonces me acerqué, le pregunté el nombre, nos saludamos, me senté y lo miré bien. Lo primero que pensé fue "¡No es el mismo de las fotos!"

Como dije, espectativas cero, así que veamos adonde nos lleva la noche. La charla empezó incómoda. Algo pasaba y no podía definir que era. El estaba inquieto. Movía las piernas constantemente. Miraba el celular. Me evadía y sacaba la artillería pesada. Al principio pensé que era yo. Qué no le gustaba. garrón. Mi ego sufre.

Pero no. No sé en que instante pude descifrarlo, pero resultó ser completamente lo contrario. La razón de sus nervios era mi sola y simple presencia. Evidentemente no solo le gustaba sino que bastante. Y ahí empezó el juego de mediciones. Ahí empecé a divertirme. ¿Por qué? Porque él me quería en su cama y yo me negaba. No por histerico, ojo, sino por qué ¿Cómo me voy a acostar con alguien que no conozco? No es lo mio, no es lo que quiero.

Y de entre todas esas mediciones que hizo largó una que en cuanto la escuché me dije "Esta definitivamente va al blog":

El: Bueno, ¿qué vas a hacer? Mirá que este es un tren que pasa solo una vez ¿eh?
Yo: ¿En serio?
El: Si. Solo una.
Yo: Si solo pasa una vez, entonces, no es un tren que me interese tomar.

Lo dejé duro. Acto seguido me tiró la cáscara de un maní. Me miró con odio y cambió la estrategia. Yo, mientras tanto, me divertía. El no era el de la foto. No importaba. Había algo en él que me resultaba atractivo. De hecho, aún ahora no sé porque un tipo pedante, soberbio, orgulloso y caprichoso me sigue pareciendo atractivo. Tiene algo que me gusta. Y eso es mejor que una foto.

La noche siguió. Él con sus intentos, yo con mis negativas. "Hace calor" dijo y nos fuimos del bar a caminar. Después de un par de cuadras el deseo de besarlo me consumia. "Vamos por acá" dije finalmente. Calles semi oscuras, cero gente y la noche que invitaba a la trampa. "Está oscura ¿no es peligroso?" y ahí me dejó duro. "No pasa nada. Vamos que es más tranquilo"

Soy un tipo pasional. En asuntos del amor me cuesta controlarme. Pierdo la razón y derrapo. Más cuando ingiero maní. Y esa noche acompañaron las bebidas. Y yo estaba por un lado controlando mis impulsos. Solo quería dos cosas: Un beso y no perder los estribos.

Llegamos a su auto. Empezó a balbucear estupideces. Pierdo el control y las palabras simplemente salieron de mi boca "¿Querés callarte y besarme de una vez!" él se rió y bueno... la música, el aire acondicionado de su auto y el morbo público fueron más de lo que pude resistir. Perdí el control y -literalmente- lo volví loco. Creo que le dolía tanto placer. Más que nada porque me tomo mi tiempo. Mido el espacio entre una caricia y la otra. Y en el climax me detengo para empezar otra oleada de calor.

Volví a mi casa preguntandome si no fué mucho. Como dije, en esas situaciones pierdo el control y me vuelvo una bestia que solo sabe complacer. Me sale natural. Y eso, a muchos, les asusta. Me fui a dormir y desperté hoy diciendome que hubiera estado bueno dormir con él, ¿raro, no? Así que no sé si llamará o se quedará en el recuerdo como una noche memorable donde por vez primera me dejé ser casi tal cual (si le muestro todo lo que soy, creo que huía y se hacía monje tibetano je) Tampoco sé si lo voy a llamar. Creo que sería bueno que por vez primera no sea yo quien marque el numero y de el siguiente paso. Pero hay algo que definitivamente sí sé:

Está bueno que te rueguen por más.

Tengo nueve días de de-lay, pero bueno: Es lo que hay je!

FELIZ AÑO BLOG MIO!!!

Mi blog cumple un año ya y como pasa el tiempo, que viejos que estamos jejeje no, en serio. Hace un año abrí este espacio para, de alguna manera, manetener un recuento de las cosas que me iban sucediendo. Y el 2009 definitivamente me sucedió.

Aprovecho el aniversario del blog para hacer una especie de balance del año pasado. Creo que de una u otra manera, ambos están entrelazados. Como dije, este sitio fue más un ayuda memoria que otra cosa. Para no perderme el rastro. Una especie de pulgarcito y sus migas de pan, con la salvedad de que a estas palabras no se las comen los pajaros.

Fue entre muchas cosas un año intenso. No dio respiro desde que empezó y menos aún hacia el final. De echo, pareció como si Agosto se hubiese extendido hasta el 1º de enero del corriente. En golpes y lecciones. Nada grave ahora que lo pienso, pues como se ve, sigo entero y andando para contarlo. Pero la sudé eh? de echo, pedí por favor que se detuviera y me dejara respirar, pero no. No dió tregua.

Gracias por eso.

Entre muchas cosas, descubrí proyectos. Me encontré buscando cosas, y de hecho, haciendo cosas para lograrlas. Muchas de ellas darán frutos este año. También me encontré alejandome de lo que me hace mal. En el camino quedaron amigos, amores y cosas que simplemente ya no iban pero que al ser como soy, terco, continuaba manteniendo.

Nada me ata. Es una realidad. Y si tengo una responsabilidad en esta vida, es conmigo. No me olvido de quienes me rodean, pero lamento informar que no, que primero voy a procurar mi bienestar y después, recién después voy a ver como ayudo al projimo. Veanlo como una cuestión de compensación kármica: años y años invertidos en pensar en los demás me dan la libertad de decir "ahora yo"

También aprendí que los amigos se van (o uno los deja, da igual) pero que esa limpieza trae nuevos. Personas con historias frescas que ayudan a engrandecer esta gestal que es el individuo. Que además uno tiene limites que no pueden ser franqueados y que uno está en paz, pues sabe que siempre actuó de la mejor manera posible. Yo estoy en paz. Y si esta paz implica estar solo. Bueno, es mejor eso que mal acompañado.

Pero la verdad es que no. No estoy solo. Hacia finales de año la vida me regó con nuevas personas, como ya dije. Seres impresionantes que tiran para adelante y que me empujan a mantener el nivel. Porque, así como ellos, yo no paro.

También me descubrí huerfano de amores. No hay nadie que me guste. Si los hay que me parecen atractivos, pero gustar-gustar, ninguno. Y en vez de tirar para abajo, me hace sentir bien. Estoy seguro que por estadistica, ley del destino, azar o simple coincidencia alguien va a aparecer, pero mientras tanto no pierdo el sueño. Disfruto de lo que tengo, hago lo que quiero y apunto a más. Siempre a más.

Resumiendo: el 2010 me encuentra feliz, agradecido por todo y vivo. Sobre todo vivo.

Ahora bien, rocco sigue internado. A esta altura me parece que falleció pero no me lo quieren decir, sin embargo, este es un compromiso que voy a hacer con este sitio: mínimo una actualización por semana. Y no creo que alcanze, pues tengo taaaanto que contar jejejeje

A todos, feliz 2010.

Resulta que de pronto, sin avisar, cuando vos estás tranquilo viendo como corre la vida. Pensando en por qué estás quieto, o mejor dicho, sabiendo que estás quieto porque cuando empiezes todo eso que tenés acumulado sabés que no vas a parar, sucede que aparece una ventana en tu msn o un mensaje de texto diciendo "Felices Fiestas" de la persona que justamente no querías.

Y ahí nomás, tambien si previo aviso, todo vuelve. Todo lo que no olvidaste, pero que te encargaste de enterrar. Porque no no no. No funciona. No funcionó y no iba a funcionar. Otra mala elección de las tantas que hiciste. Así que tomaste todo el conjunto de sensaciones, lo envolviste, le pusiste un moño y se lo entregaste al tiempo para que lo vaya erosionando. Porque no. La verdad es que no lo superaste.

Hiciste como siempre. Respiraste y seguiste, teniendo presente que la misma historia de siempre es algo a lo que ya no áspiras. Algo que esperas evitar la próxima: siempre la próxima. Y no importa. No importa que haya ocupado tiempo de tu terapia; qué incluso, al final, tu terapeuta haya alabado por la manera con la que manejaste la situación. No importa incluso cuando te sonreiste. No lo hiciste porque lo hayas entendido, sino porque querías pasar a otro de los tantos temas que te hacen ir una vez por semana. Y la verdad, hablar de él ya te cansa. Simplemente porque pese a todo nada borra lo obvio: No funcionó.

Pero como siempre, él vuelve. Todos vuelven. Siempre vuelven y el desastre con ellos. Y, obviamente, se van de nuevo. Ni siquiera tenés que decirles hola, ni siquiera tenés que responder. Nada de eso. Porque repito, no importa. Ni siquiera importa que se vayan, porque eso no es lo que cuenta.

No, lo que cuenta es que aparecen, abren la ventana y dejan que el viento traiga de nuevo todo lo que se había llevado. Se van y vos quedás ahí, con el alma revolucionada de incognitas, pero principalmente preguntandote "¿Para qué volviste?"

Y es tal vez el fin de año, o los golpes del final, o... bueno, no sé. Ponele que algo pasa que haga que yo esté así, sin ganas. Seguro seguro es el fin de año que me agarra con las pilas bajas. O tal vez sea que la zanahoria no me gusta, entonces cuando finalmente agarré la punta del palito resultó que me acordé de eso y ahora no quiero ensalada.

¿Histerico yo? Un poco tal vez. Me tiro más a indeciso.

No sé.

La cosa es que estoy con las pilas bajas. Pero bajas mal. Mal de quedarme sentado en el sillón pensando que hacer. Decidiendo que hacer, y para cuando lo hago ya es de noche. Persianas bajas y a la cama.

En fin ¿Quién quiere tener vacaciones cuando no sabés que hacer?

Diciembre es un mal mes para empezar lo que sea que quieras empezar.

Rocco sigue internado. Así que heme aquí con esta impostora que no se le acerca ni a los talones. Si, es más rápida. Si, tiene más espacio. Si, tiene más chirimbolos y todo lo que quieran pero no es mía.

La cuestión es que parece que el enfermo está decidido a morir y la clínica donde estaba aposentado se quedó sin medios, así que llamaron para avisarme que lo trasladaron a una bonita clínica privada en Suiza donde cuentan con tecnología de punta para darle la atención que se merece.

Mientras, yo espero.

Pero la que no espera es la vida que va sin pausa. ¿Yo? simplemente me dejo llevar. El tiempo escacea y las situaciones se amontonan en mi cabeza. Vamos bien, pero estoy exhausto. Necesito vacaciones, pero también necesito que mi jefe deje de jugar a la generala con mis horarios.

Mi jefe y yo tenemos una relación rara. Yo creo que de alguna manera no termina de comprenderme y él -de toda la empresa- es la única persona que con su sola presencia es capaz de hacer que me corra un escalofrío por la espalda. Si a eso le agregamos que siempre que aparece yo estoy haciendo una estupidez... Por estupidez leamos que estoy cantando por los pasillos -torturando dirían unos- o bailando lo-que-sea-que-escupa-la-radio. Tirando avioncitos de papel o leyendo con las piernas apoyadas sobre la mesada...

Y esto me lleva a lo siguiente: hoy todos en el área llegaron a la conclusión de que soy Extraordinario. No puedo estar mas de acuerdo. Pero para esto mejor les dejo un ejemplo: Digamos que Fernando es la cara del área. Cuando él está, el aire vibra y las bromas corren. No se cansa de hablar. Siempre tiene algo que agregar, algo que comentar, algo que preguntar. Y sus preguntas pasan desde el por qué del Big-Bang hasta la literatura y sus diferencias con las ciencias exactas. O sea, se habla de todo. Y hace del ambiente laboral un lugar más ameno. Así que si te mandas una, él algo va a decir.

Entonces tenemos a Fernando entrando al área. Yo mojado de arriba a abajo gracias a una manguera impertinente que largó su chorro a toda presión y simplemente se me zafó del agujero en el que estaba tratando de meterla. El piso, un océano. Es así que pícaro dice:

-¿Me querés explicar como en cinco minutos pudiste hacer de este sacrosanto lugar de trabajo una versión a escala de la cuenca del amazonas?

-Fer, antes de que añadas algo más, partamos de la base de que yo no soy normal. Desde ahí, TODO me puede pasar ¿no? -dije mientras tomaba el lampazo y comenzaba a secar mi "pequeño" desliz.

-Me voy cinco minutos ¡y mirá! ¡Decime como haces! No entiendo.

-Te repito Fer: No-soy-normal ¿Decias entonces...?

Carcajadas mientras llamaba a todos para que vean como había baldeado el piso sin quererlo. Yo me reía mientras limpiaba. Después de todo era solo agua. Pero no termina ahí, ¡no! porque resulta que con el correr del día tuve que tomar la manguera para llenar un bidón y desde la otra punta del área se escuchó la voz de Fernando gritando alarmado:

-¡Cubranse! ¡Rain tiene una manguera y no tiene miedo de usarla!

Más risas. Y la certeza de que cada vez que, en el futuro, tome una manguera para lo que sea, alguien va a tomar una tablilla de las que usamos para anotar los datos y se va a cubrir con cara de pánico o va a preguntar desde el rincón más alejado del área con aire de pobre victima "¿Si me paro acá me vas a mojar también?"

Me mata el también.

Y hoy no se cómo, no se por qué, nos encontramos analizando el significado de la palabra "Extraordinario" y llegamos a la conclusión de que la misma es un adjetivo que denota algo fuera del orden o regla natural o común... entonces, en relación a mi es simplemente un 2+2 ¿no?

No sé. Yo la paso bien. En una próxima entrada voy a contar por qué debería haber apostado mi sueldo a mi favor en el trabajo, pero hoy no. Porque escribir en este teclado es una verdadera tortura.

Rocco I miss you :(

PD: ¿Debo indicar que hasta que Rocco vuelva no voy a comentar blogs o se sobreentiende? Porque quiero, pero me duelen los dedos cuando tipeo acá... mucho. Los leo, si. Pero no comento... que le vamos a hacer. ¡YA SE! ESPEREMOS.

Vivo.

Resulta que mi maquina decidió pasar a mejor vida hace mas de un mes. Claro que el (mi maquina es masculina) no contaba con que este despistado ser humano tuviera la garantía a mano, así que debo decir que hace un mes y dos semanas que está en terapia intensiva batallando. ¡Y mierda que está dando pelea!

Tiene a todo el staff del servicio técnico atónitos. Es que cuando le reparan una cosa, salta otra. Y así pasan los días. Y yo, cual madre judia, llamando casi todos los días para ver cuando me lo pasan a piso. Creo mi insistente ruego por una respuesta conmovió intimamente al jefe de cirugía porque tuvo la descencia de alcanzarme una máquina similar a la mia para que "paliara la espera" Como una especie de calmante cibernético.

Y cuando me refiero a "alcanzarme" lo digo en serio: El hombre me la trajo a casa. Nota al pie: Casi no lo reconozco. Juraría que cuando lo vi por primera vez tenía el pelo castaño, no ese verde furioso que ahora ostenta.

La cuestión es que esa maquina prestada no es la mia, y no se por qué, pero para mi, escribir en ella es como tratar de tocar el violín con un charango. Dificil, disonante y por sobre todas las cosas incómodo.

Pero no pude más.

Traté y traté de resistir venir acá a dejar una pequeña huella hasta tanto no recuperara mi violín. Se sentía raro pensar en escribir en algo que no fueran mis teclas. Algo que no fuera mio. En mi cabeza se acumulaban los post. Las cosas que me encantaría contar y -de alguna manera- compartir. Estaba todo bien, solo tenía que esperar. O sea ¿Cuanto tiempo más va a estar en terapia? Hoy se me hace que para siempre. Mientras, los articulos para corregir simplemente aumentan, las ideas quedan anotadas en el margen de algún bloc o archivadas en la cabeza a la espera de no ser olvidadas, sin embargo, Hoy no pude más. Tal vez es por como me siento, por como este sitio me ayuda a trazar mi historia que hoy usurpé una maquina en el trabajo y finalmente pude ponerme a tipear. Eso o había que abrir la válvula de escape.

Empecemos.

Lol-it!: Recibí tu mensaje. Y hasta pasé por tu blog para decirte que no, que nada había explotado en el trabajo, que seguimos bien, pero despues del decimo intento de que tu pequeño espacio aceptara mi clave, capitulé. Sin embargo, debo decirte que si: hubo explosiones desde la última vez que estuve por acá. Y ahora que lo pienso tienen mucho que ver con eso que vi el día de mi cumpleaños.

Desde el catorce de Septiembre la vida no me dio respiro. Mientras mi vida laboral se complicaba más y más (lease como un exceso de trabajo) cayeron golpes, pero desde los lugares menos pensados. Juro que en mi vida hubiera pensado que vendrían de ahí. De repente me sentí como hace años, hablando con las paredes. Sin ser escuchado, o tenido en cuenta. Y la cuestión fue increcendo. Llegó con el primer golpe y se extendió como un cancer por todos lados ¿o estaba ahí desde hacia tiempo y recién ahora lo veía? No sé, no importa. Metastasis. Y si algo aprendi de ER es que al cancer se lo extirpa. Me pregunté cómo. Me pregunté si tenía que hacerlo. Me pregunté si dolería. Si aún estaba a tiempo. Hice cientos de preguntas pero lo importante es que todas tuvieron la misma conclusión: Hay que extirpar lo que te hace mal.

Porque el respeto empieza por casa. Y si yo dejo que me falten el respeto, que se pasen soberanamente lo que digo por las partes más bajas y que me tomen por estupido... bueno, definitivamente es que SOY un estupido ¿no? No. No soy un estupido. No me gusta que me tomen por uno y menos en mi propia casa.

Comenzó conmigo dandome cuenta de que tres pelos de concha realmente tiran más que una yunta de bueyes (Siempre pensé que eso era un mito, pero no. Evidentemente el Factor Gay en mi vida me ha inmunizado contra ello ¿está mal sentirse bien por ello?). Mi casa fue violada contra mi voluntad ¿Lo más triste y patetico de todo esto? Estuve una hora y media hablando con el individuo que cometió la atrocidad esgrimiendo mis ciento un razones por las que no quería a nadie extraño en mi casa. Todo mientras mi sentido común me impelía con preguntas del tipo "¿Con un simple NO TRAIGAS A NADIE no alcanza?" Los hecho muestran que evidentemente no alcanzó ni siquiera con todas las explicaciones. Pero a esa conclusión llegué después, mientras me tomé mi tiempo, expliqué y recontra expliqué por qué no quería a nadie ajeno a mi vida en las cuatro paredes de mi departamento. Y no contento con esto: Volví a explicarlo ¿Lo más raro de esto? Me sentía estupido explicando lo obvio y mal por pensar que alguien que era de mi más intima confianza podría violar mi hogar.

Pero lo hizo.

¡Así que no me sentí una, sino dos veces estupido! ¡Dos! Una cuando era una sospecha y otra cuando pasó a ser una certeza. Y ahí fue como volver al infierno de mi infancia y toda mi vida en familia, donde dijera lo que dijera no importaba. Donde yo no contaba. Donde era menos que nada: "¿Para qué prestarle atención a lo que Rain dice, si él se banca todo? El es fuerte y de última que se queje que ya se le va a pasar. Tiremos los hilos que -creeme- no se rompen. Es más, solo habrá que esperar a que se asiente el polvo y seguro-seguro lo podemos hacer de vuelta. E incluso ¿sabés? Hay veces en que ni siquiera tenés que esperar que se asiente ¿no es genial? Se banca todo el imbecil" Y es verdad, el hilo no se corta, yo me banco muchas cosas y a veces saco fuerzas de donde no tengo para seguir adelante. Sin embargo, aprendí en estos últimos tiempos a usar tijeras, así que de ahora en más Yo a los hilos los corto.

Entonces fue: "La trajiste. Te dije que no. Lo hiciste igual. Te expliqué por qué no. Lo hiciste igual. Mala decisión... muy mala. Dame mis llaves por favor y que te vaya bonito" Como yo lo veo, fue una simple cuestión de decisiones: Él decidio pasarse por el quinto forro de las pelotas lo que dije y yo decidí simplemente tratarme bien.

Para mi la confianza se perdió... o mejor dicho, la hizo trizas. De ahí en más, el resto del cámino es irremontable. Si no puedo contar con que mis amigos me traten bien ¿Qué sentido tiene una amistad? y aún más ¿Que puedo esperar del resto del mundo? Acá no tengo escala de grises: o es blanco o es negro. Simple.

Así que, si bien está todo bien, ya no es -ni será- lo mismo. Ahora, cada vez que llame, sopesaré si salir con él es un mejor plan que... no sé... quedarme en mi casa cortandome las uñas ¿se entiende? Ya no habrá corridas a media noche porque tuvo una emergencia, horas colgado al telefono, msn o cualquier otro medio poniendole el hombro a lo que sea que le suceda. Menos aún "si, no hay drama, quedate en el dpto mientras trabajo y si queres el resto de la semana" (queda claro que la entrada a mi casa la tiene prohibida)

Espero realmente que esos tres pelos de concha hayan valido mi amistad. Realmente lo espero, aunque en mi fuero interno lo dudo mucho, capaz que por ese olorcito a "me pelee con mi novio y entonces salgo con vos" pero que se yo, la verdad es que no me interesa... Se me va de las manos Y las tengo demasiado ocupadas con mi propia existencia como para fingir interes. Por lo cual, terminé ese episodio como correspondía: Hice mi duelo (¡Definitivamente lo mio son los velorios! ¡ja!), agradecí -y agradesco- los momentos compartidos y las lecciones aprendidas pero como nada me ata, hago lo que siempre: Moverme hacia adelante, en busca de nuevas aventuras.

Esa fue la primera operación exitosa. Debo decir que el sacudón me permitió ver la metastasis en todo su esplendor, y si bien es impactante, estoy extirpando esas otras facetas también. De a poco. Despacio. Increiblemente no tengo apuro. Flash decidió dejar de correr y aprender a caminar. Pero no me interesa mencionar cuales son. Simplemente diré que antes estaban y ahora hay algunas que no y otras en vias de extinción. Es una simple cuestión de tiempo hasta que quede limpio. Esta la menciono simplemente porque fue la que me abrió los ojos a un circulo de dolor y maltrato que estoy lentamente haciendo polvo.

¡Y mi dios! ¡Si que se siente endemoniadamente bien!

Además ¿saben qué? Mi revolución ha comenzado a dar frutos, porque ya escucho los ladridos, y como bien inmortalizara el Quijote, "Ladran Sancho, señal que cabalgamos"

Amén.

Y entonces llegó el viernes. O mejor dicho la mañana del sabado. Trabajando de noche se complica un poco saber cual día es cual. Como sea. ¿Trabajo? mucho ¿Cansancio? más. Una escalada insoportable que se colaba por entre los omoplatos desfigurando la sonrisa en un rictus permanente de dolor.

Y a la noche había fiesta, y antes de la fiesta cita y las ganas faltaban. Porque fue una semana dura. Dursima. Estaba cansado. Observar lo que te pasó y lo que te pasa cansa, mucho. Ver cuan grande estás. Cuan lejos estás de donde creías estar y cuanto te falta aún por recorrer eso cansa más.

En los 26 aposté pequeñas cosas. Fueron movimientos casi timidos. Me arriesgué poco por miedo al palazo. Estaba a la vuelta de la esquina. En mi historia, el golpe siempre está a la vuelta de la esquina esperando un momento de flaqueza para caer con toda la furia. Dejarme tirado, reirse y volver a la vuelta de la esquina a que me medio armara de nuevo para que el ciclo de corridas volviera a repetirse.

Sin embargo, el palazo no vino. Y si vino no pudo golpearme. Porque gané las apuestas. Llevó trabajo intenso y constante. En ese año que fueron 26 me aprendí y apliqué aquello que venía viendo desde hacia tiempo. De alguna manera supe enfrentar lo que sea que me echaran encima y mantenerme -al mismo tiempo- entero y feliz.

En los 26 aprendí a ser feliz. A reconocer los meritos propios y la fortaleza que largamente me forgé. No me quedó otra. Mi historia no es de las más felices, que se le va a hacer, hay que seguir. Y seguí, seguí descubriendo cosas que hacen que vivir sea un placer. Me di cuenta que soy así, que cada día que pasa encuentro algo nuevo, que cada día me encuentro y está bueno.

Pero ver todo eso cansa.

Y el sábado a la mañana, estaba cansado. Y triste. Porque las distancias recorridas son realmente subjetivas. Entonces, vos pensabas que estabas ahí cuando no. Ese no era ni es tu lugar. Y querés volver y no podés porque se siente forzado. Además, tambien sabés que no querés volver. Que lo que llora es esa parte puta tuya que cree que "merece" ese barro del cual saliste. Y sentís pena, entonces ¿qué hacés? Llorás.

Así que eso hice ese sábado. Me calcé la cinta negra y me puse de luto por los muertos dejados en el camino. Ensalsé los tropiezos y las vueltas en circulo mientras tipeaba un "Hoy-no-hacemos-nada-estoy-enfermo" todo junto. Recordé cada una de las caidas y lo que aprendí de ellas cuando le envié a mi cita un mensaje diciendo "me-descompuse-será-la-próxima" Mojé la almohada al recostarme para dormir el sueño de los justos.

Y por eso, cada vez que alguien me pregunta "¿Cómo pasaste tu cumpleaños?" yo contesto: De luto. Por que si algo aprendí en este corto camino es que antes de seguir, hay que llorar a los muertos.

Carta Magna

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